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Capítulo 288:
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El hotel de Sophie se encontraba en Mumdera, que resultaba ser la segunda ciudad más grande de Maripore. Mumdera albergaba el famoso Binya Bazaar, un mercado conocido en todo el país por su deslumbrante comercio de esmeraldas.
Como el hotel estaba a poca distancia del bazar, Sophie y Adrian decidieron ir allí a pie.
Mientras se abrían paso por las concurridas calles, notaron que el aire estaba impregnado de la dulzura de la fruta madura, mezclada con el olor húmedo y terroso del suelo después de la lluvia. Sophie no dejaba de mirar los edificios singulares y las animadas tradiciones que se desarrollaban a su alrededor, mientras mantenía una conversación distendida con Adrian.
«Dime, ¿cómo conseguiste localizarme tan rápido?», preguntó ella.
Había sido Angie quien lo había mencionado, lo que hizo que la pregunta volviera a la mente de Sophie. Aún recordaba haber estado encerrada en aquel sótano oscuro. Por la forma en que actuaban los traficantes, era obvio que el escondite había sido elegido con cuidado. Se comportaban como personas que ya habían tenido que lidiar con la policía antes y estaban seguros de que nadie podría localizarlos.
Eso la dejó preguntándose: ¿cómo pudo Adrián, siendo un extraño, reunir a la policía y descubrir su paradero en tan poco tiempo?
El recuerdo de despertarse en aquel sótano aún pesaba mucho sobre Sophie, con la desesperación aferrándose a ella como una sombra. Solo porque la esposa de un pez gordo desapareció durante el mismo periodo, las autoridades cerraron las carreteras y lanzaron una búsqueda más amplia. Si eso no hubiera sucedido, la habría llegado demasiado tarde y ella podría haber perdido ya un riñón antes de ser trasladada clandestinamente a algún rincón anónimo del mundo.
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Esa coincidencia le parecía inquietante. No podía evitar preguntarse si era mera coincidencia que otra mujer influyente desapareciera justo cuando ella lo hizo. La idea la llevó a preguntarse si Adrian tenía vínculos con esa figura importante.
Con tono tranquilo, Adrian respondió: «Todo el mérito es de la rápida respuesta de la policía de aquí».
Las palabras sonaban demasiado perfectas, y Sophie intuyó de inmediato que algo no cuadraba. «Si las fuerzas del orden en Maripore funcionaran con tanta eficiencia, no habría tantos casos de tráfico de personas y comercio de órganos que destruyen vidas». Su voz tembló mientras continuaba: «Adrian, ¿estás…?»
Por un breve instante, Adrian vaciló, y su tono denotaba un atisbo de renuencia cuando finalmente dijo: «Fue David. Te siguió ese día y vio la matrícula de la furgoneta. Ese detalle le dio a la policía exactamente lo que necesitaban para localizarte tan rápido».
La veracidad de sus palabras no se ponía en duda. Justo después de enterarse de que había desaparecido, ya había enviado emisarios para negociar con el gobierno de Maripore, ofreciendo cuantiosas recompensas a cambio del permiso para desplegar tropas temporalmente y bloquear todas las carreteras principales. Aun así, sin que David hubiera visto ese número de matrícula, reducir la zona de búsqueda habría sido casi imposible.
«Así que eso lo explica todo». Sophie se creyó su historia.
Su último recuerdo antes de desmayarse había sido el de Adrian allí de pie, solo. Lo que vino después —la abrumadora presencia de las fuerzas policiales— seguía siendo una imagen borrosa, ya que Adrian se había encargado de la crisis una vez que ella había perdido el conocimiento.
«Entonces, ¿por qué no les dejaste simplemente el rescate a ellos? ¿Qué te llevó a irrumpir allí sola? ¡Fue una imprudencia! ¡Iban fuertemente armados y te superaban en número!». La mirada de Sophie se posó en la herida del cuerpo de Adrián, y una aguda oleada de miedo se apoderó de su pecho. Si aquella bala se hubiera desviado tan solo un centímetro, podría haberle atravesado el corazón.
Adrian le apretó la mano con fuerza, entrelazando sus dedos. «No podía dejar tu destino en manos de otra persona».
Para él, proteger a Sophie no era algo que se pudiera delegar. Si el precio lo exigía, sacrificaría su propia vida para salvar la de ella. Nadie más habría llegado tan lejos por ella.
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