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Capítulo 234:
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La tristeza se coló en su voz. «Mamá estuvo aquí… Pero ¿por qué no vino a buscarme? ¿Por qué solo el collar? ¿Adónde fue después? ¿Acaso… ¿Acaso decidió simplemente dejarme atrás?».
Las preguntas brotaron de ella a toda prisa, con la respiración entrecortada y acelerada.
Adrian la atrajo hacia sí, envolviéndola en un abrazo firme. Le acarició suavemente la espalda con la mano, tratando de tranquilizarla.
«Oye, tranquila. Respira, Sophie. No pasa nada», murmuró Adrian, con voz baja y reconfortante. «Tu madre te quería con todo su corazón. Estoy seguro de que había una razón por la que no pudo quedarse o verte. Quizá pasó algo y aún no ha podido llegar hasta ti».
«Si está a salvo en algún lugar ahí fuera… Si sigue viva… eso me basta. Aunque nunca vuelva a verla…» La voz de Sophie sonaba ahogada mientras se aferraba a él, con los hombros temblando.
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«No dejes que tus pensamientos se descontrolen, ¿de acuerdo?». La mano de Adrian le acariciaba la espalda con movimientos circulares tranquilizadores. «Algún día la volverás a encontrar. Te lo prometo».
Sophie y Adrian salieron de la vieja casa con solo una foto enmarcada y el collar en la mano, cada uno sumido en sus propios pensamientos enredados.
De vuelta en su ático, Adrian se dirigió directamente a su estudio y colocó la foto enmarcada justo en el centro de su escritorio, como si siempre hubiera estado allí.
Sophie se dejó caer en el sofá del salón, con el collar colgando de sus dedos mientras miraba al vacío.
Adrian pronto se unió a ella, sentándose a su lado. «¿Sigues dándole vueltas?», preguntó él, echando un vistazo a la pieza que ella no podía dejar de dar vueltas.
Sophie asintió, con la mirada fija en el collar. «No dejo de preguntarme qué secretos esconde este collar. Tiene que haber una historia detrás, algo que mamá nunca llegó a contarme».
La cadena era vieja, con los eslabones de plata desgastados y pulidos por el paso del tiempo. El colgante era ovalado, rodeado por delicadas enredaderas grabadas a lo largo del borde. Justo en el centro, un águila de dos colas estaba tallada en relieve, con las alas extendidas como si fuera a alzar el vuelo en cualquier momento.
Adrian extendió la mano, con curiosidad en los ojos. «¿Te importa si lo veo?»
Sin decir nada, Sophie colocó el collar en su palma. Adrián lo examinó, dándole vueltas en la mano, frunciendo el ceño en señal de concentración. Había algo en ese emblema… le tocaba la punta de la memoria, le resultaba casi familiar.
Sophie intentó relajar el ambiente. «Sinceramente, parece el tipo de baratija que se compra en una tienda para turistas. Quizá mamá lo trajo a casa como recuerdo. »
«Hmm», murmuró Adrian distraídamente, con la mente claramente en otra parte mientras seguía estudiando el colgante.
Quizá fuera eso.
Al no obtener respuesta, Sophie cerró la mano sobre el collar y lo guardó bajo llave en la caja fuerte, con el misterio aún sin resolver.
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