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Capítulo 567:
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La mirada de Kellan se desvió hacia la ventana empañada, su reflejo se mezclaba con las luces borrosas del exterior.
Hace mucho tiempo, en una noche llena de misterio y miedo, apareció en casa de la familia Lloyd, todo golpeado y magullado.
«Hace más de diez años, unos traficantes me secuestraron. La familia no me encontró hasta mucho más tarde, cuando de alguna manera logré regresar a la mansión Lloyd, herido y medio muerto». Habló con calma. «Cuando por fin volví en mí, lo había olvidado todo, como si hubiera hecho borrón y cuenta nueva. Desde aquel día, la oscuridad nunca ha sido solo… oscuridad».
Allison se quedó en silencio. Ella también sabía algo de esa oscuridad; de niña, había sufrido una experiencia similar. Sabía muy bien lo que podía suponer un recuerdo así. Pero para él, el dolor aún estaba fresco, una cicatriz que aún no se había curado del todo.
—Siento oír eso —dijo ella en voz baja.
Encontró la mirada de Kellan, con la voz un poco ronca—. Curiosamente, yo pasé por algo similar hace diez años. A mí también me secuestraron.
—Entonces, señorita Clarke, ¿cómo consiguió escapar exactamente? Kellan frunció el ceño, con una genuina sorpresa en el rostro.
Por sus investigaciones pasadas, todo lo que sabía era que después de que Allison dejara el orfanato, acabó varada en una isla aislada. Parcialmente oculto en las sombras, hizo la pregunta casi como si estuviera tratando de encontrar una respuesta por sí mismo. Después de todo, nadie había descubierto cómo se las había arreglado para liberarse de los traficantes en aquel entonces.
Los labios de Allison se curvaron en una leve sonrisa. «Sr. Lloyd, el juego aún no ha terminado. Si gana, compartiré mi historia».
Él asintió, una sonrisa pícara tocando sus labios. «Lo prometido es deuda».
La segunda ronda de su juego comenzó sin demora. Ya fuera por suerte o por destino, Kellan salió victorioso en su juego de piedra, papel o tijera esta vez.
—Gracias por no ponérmelo demasiado difícil, señorita Clarke —dijo, recostándose con una facilidad que antes no tenía, con los ojos fijos en los de ella. La luz de la luna pintaba sus hombros con una suave luz plateada.
—Vuelvo a elegir la verdad. Quiero saber cómo escapaste.
Allison dejó escapar un suspiro inusual mientras bajaba la mirada. «La verdad es que es un poco embarazoso». Recordó aquel momento. «Entonces estaba ciega. Un chico que se hacía llamar Colton me llevó a un lugar seguro».
El rostro del chico se había vuelto borroso con el paso de los años, pero el recuerdo de que la llevara a cuestas y la sensación de cada paso que daba mientras huían eran tan vívidos como si hubieran ocurrido ayer.
Su mirada se desplazó hacia la ventana, perdida en sus pensamientos. «Para vengarme, me casé con un miembro de la familia Stevens. Pero él ya no recordaba nada de aquello».
No solo eso, sino que el Colton que ella conocía ahora se sentía muy alejado del niño que una vez la salvó. Era hora de que dejara de lado su obsesión.
«Esos tres años que pasé como parte de la familia Stevens fueron mi forma de saldar esa deuda. Ahora estamos en paz». Su tono tenía un toque de autocrítica.
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