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Capítulo 1003:
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La mirada de Amya se desvió hacia la tarjeta bancaria que tenía en la mano, con el número grabado en ella como un cruel recordatorio. Respiró lenta y pausadamente.
«¿Solo quieres dinero?», preguntó, con las palabras como un tranquilo desafío.
«No seas ridículo», espetó Troy, con impaciencia.
«¡Más te vale conseguir ese dinero, o ni se te ocurra deshacerte de nosotros!».
Cuando terminó la llamada, Mindy empezó a quejarse inmediatamente.
«¿Cómo va a conseguir cuatrocientos mil?».
Troy, imperturbable, se limitó a encogerse de hombros.
«Aunque no pueda, tiene que encontrar la manera. ¡Esa desagradecida nos debe una vida de apoyo!».
Tres días después, en la zona prohibida de la familia Lloyd.
Kellan estaba sentado en la silla, con las manos atadas a la espalda y el torso al descubierto. Las cuerdas tensas acentuaban sus fuertes músculos, y su cuerpo parecía tenso de deseo.
«Te amo, Allison», dijo suavemente.
Los ojos de Kellan estaban ocultos bajo una venda negra. Sus labios carnosos y seductores rozaron suavemente la punta del dedo de Allison.
Mientras Kellan estaba sentado atado, la tela de sus pantalones finamente confeccionados se arrugaba a su alrededor.
Marcas rojas, resultado de la pasión, marcaban su pecho.
«Me dijiste antes que una vez que se resolviera la situación de Shadow Nine, podríamos jugar a algunos de mis juegos favoritos», murmuró, con voz baja y llena de intención.
Pero sus siguientes palabras hicieron que un escalofrío recorriera el aire. «Victor ya es un hombre roto. Ha sido castrado y mutilado. Ahora, vive atormentado».
Kellan mordisqueó lentamente el dedo índice de Allison.
Ella se había quitado la ropa hacía mucho tiempo. Ahora, mientras estaba sentada en su cintura, podía sentir cuánto más ansioso e intenso estaba su cuerpo que antes.
«¿Qué quieres, Sr. Lloyd?», preguntó juguetonamente.
Allison quería provocarlo deliberadamente.
Se inclinó y le susurró al oído, su cálido aliento les hizo temblar.
De hecho, era la primera vez que interactuaba con los objetos de la zona prohibida.
Había velas y látigos esparcidos por todas partes, destinados a aumentar la tensión.
Sorprendentemente, Kellan parecía más cautivador que nunca.
Desde los profundos gemidos que escapaban de su garganta hasta la forma en que la besaba con tanta urgencia, Allison no podía quitarse la sensación de que Kellan, atado a la silla, era quien tenía el control.
Tan pronto como terminó de hablar, Kellan presionó sus labios contra su lóbulo de la oreja.
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