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Capítulo 778:
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Valeria pasó varias semanas tranquilas descansando en el campo antes de volver al hospital.
Decidida a cumplir la promesa que le había hecho a Helena, se encargó de que Monique acudiera a su primera cita ese mismo día.
La salud de Monique oscilaba de un extremo a otro: a veces se mantenía estable, otras veces era delicada. Siempre que Bonnie no se interponía en su camino, conseguía mantener su trabajo al día a pesar de su inquietud. Su mayor preocupación ahora era la posibilidad de volver a cometer un error en el trabajo.
Con serenidad, Valeria saludó a su paciente con sincera calidez.
Con ese simple saludo, Monique se sintió más relajada. «Buenos días, doctora Clark».
«Ya he hablado con Helena y me ha puesto al corriente de lo esencial, pero me gustaría saber cómo lo has llevado, directamente de tu boca. Lo que quieras decir, aunque te parezca insignificante, simplemente déjalo salir».
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Mientras Valeria hablaba, preparó un poco de café y dejó la taza en el centro de la mesa, en lugar de empujársela a Monique.
Tal y como había esperado, ese gesto hizo que Monique se sintiera visiblemente incómoda. No dejaba de mirar la taza, sin saber muy bien si era para ella. De ser así, la cortesía exigía que se lo agradeciera a Valeria.
Valeria mantuvo la conversación en marcha, sin darle a Monique ninguna pista ni animarla, lo que hacía que Monique estuviera constantemente distraída. Con ese enfoque sutil, Valeria observó las reacciones de Monique y confirmó su sospecha: Monique deseaba desesperadamente complacer a los demás. Esos comportamientos suelen tener su origen en la vida familiar.
Al final, Valeria acercó la taza de café con un ligero empujón. Monique se sintió aliviada y la aceptó con silenciosa gratitud.
Valeria estaba convencida de su teoría. «Señorita Wilson, después de conocer su historia, tengo que sacar a colación algunas cosas que podrían resultarle difíciles de escuchar».
Monique esbozó una suave sonrisa. «No se preocupe. Puedo soportar cualquier cosa que tenga que decirme ahora».
Valeria sacó por fin a colación el tema del amor materno.
«¿El amor materno?», preguntó Monique con un tono de tensión. «Casi esperaba que dijeras que mi madre es el problema».
Una tranquila certeza teñía la respuesta de Valeria. «Eso es porque lo es. Tu madre disfrazaba el control de afecto. Reescribió tus recuerdos, te enfrentó a los demás, utilizó el dinero como una correa y convirtió la culpa emocional en un arma, siempre bajo la máscara del sacrificio».
Con una sutil inclinación de la cabeza, Valeria ofreció una disculpa silenciosa. Al principio, había pensado que los juegos mentales de Bonnie se limitaban únicamente a Delaney. Resultó que Monique había estado en el centro de los experimentos de Bonnie desde el principio.
Ni una palabra salió de los labios de Monique mientras daba vueltas en su cabeza a esos patrones de manipulación. Le vinieron a la mente destellos de su juventud: aquellos momentos en los que intuía que algo no iba bien. Cada vez que surgía el dolor entre ella y su madre, Bonnie lo ahogaba con interminables listas de supuestos actos de amor, hasta que Monique ya no sabía cómo era sentir el cariño de verdad. Ahora entendía por qué Valeria estaba profundizando en el tema del amor maternal.
El yugo de la economía era evidente para todos.
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