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Capítulo 480:
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«A menos que tengas algo amable que decir, mejor guárdatelo para ti». Valeria no se molestó en ser sutil. Le dio una patada en la espinilla.
—Solo estaba… —comenzó Dorian, pero ella lo despidió con un gesto de la mano.
Sin volverse hacia él, Valeria levantó su taza en señal de saludo y miró fijamente a Helena. —Por fin tienes buenas noticias. Enhorabuena.
—¡Salud!
Helena levantó su taza, la golpeó ligeramente contra la de Valeria y ambas terminaron sus bebidas con la naturalidad de viejas amigas.
Al día siguiente, Helena fue a Genie TV.
Decidida a mantener la imagen que había proyectado el día anterior, entró en el edificio con un aspecto que no pasaba desapercibido. Su cabello brillante enmarcaba su rostro y reflejaba la luz con cada movimiento. Una chaqueta de cuero ajustada combinada con una falda digna de la pasarela la hacían destacar. Sus tacones de aguja resonaban con determinación, dejando tras de sí una estela de perfume de lujo. No entró simplemente, sino que llegó, llena de confianza e imposible de ignorar.
Las miradas la seguían como limaduras de hierro atraídas por un imán, incapaces de resistirse a la silenciosa atracción de su presencia.
Cuando cruzó el umbral de la oficina y se quitó las gafas de sol, su revelación provocó un silencio colectivo. El rostro que se ocultaba debajo era una obra maestra impecable.
A diferencia de su apariencia habitual, más sobria, esta versión de Helena era todo menos sutil. Durante sus días persiguiendo historias al aire libre, a menudo se saltaba el maquillaje por completo, priorizando la rapidez sobre el estilo. Incluso sus apariciones ante la cámara solían caracterizarse por un ligero toque de brillo y un ligero toque de polvos.
Pero el look de hoy reescribía el guion. Sus párpados brillaban, su piel era luminosa y sus labios ardían rojos como un desafío.
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No solo era atractivo. Era inolvidable.
—¿Tengo que recordarles a todos que estamos en horario de trabajo? A menos que quieran que les reduzcan a la mitad sus bonificaciones, ¡dejen de mirar boquiabiertos y pónganse a trabajar! —El grito resonó en la sala como un latigazo. Donn había llegado, con voz aguda, devolviendo a todos a la realidad.
El personal, sobresaltado, se apresuró a volver a concentrarse, apartando la mirada de Helena y volviendo a sus pantallas y papeles. Solo cuando la sala se hubo calmado, Donn dirigió su atención hacia la mujer que había causado el revuelo. «Tú eres…».
Las palabras quedaron suspendidas en el aire de forma incómoda. Durante un instante, realmente no supo quién era ella. Pero pronto la reconoció y el resto de la frase se marchitó antes de llegar a sus labios.
Normalmente, Donn no desperdiciaba ninguna oportunidad para lanzarle un comentario sarcástico a Helena.
Sin embargo, hoy se encontraba completamente desarmado. Su belleza lo golpeó como una ola, intensa y desarmante. Su pulso se aceleró. Se le hizo un nudo en la garganta. Las palabras se negaban a salir.
—Sr. Jones, tengo un guion que requiere su atención. ¿Sería un buen momento para revisarlo en su oficina? —La voz de Helena rompió el silencio, fría y serena.
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