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Capítulo 475:
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Echándose el pelo hacia atrás, esbozó una sonrisa de satisfacción. «Debe de ser mi madre. Le encanta sorprenderme así».
Al principio, Liliana se giró para seguir al gerente hacia la oficina. Pero justo cuando levantó el talón, su mirada se deslizó hacia Helena. Esa breve mirada lo cambió todo.
Si Natalie realmente había comprado la tienda para ella, significaba que los afectos de la mujer habían cambiado, alejándose de Helena y centrándose por completo en ella. Liliana creía que había ganado. Ya no había necesidad de seguir en silencio al gerente.
No, este momento era una coronación.
Y quería que Helena lo presenciara.
—Traiga el contrato —dijo con un movimiento de la barbilla.
Luego, señalando a Helena, añadió con dulzura empalagosa—: Ella es la Sra. Ellis, la otra hija de mi madre. Dado que mamá ha decidido dármelos a mí y no a ella, es justo que lo presencie en primera persona. No queremos que nadie piense que la familia Harrison la está dejando de lado. Levantó una ceja y se volvió deliberadamente hacia Helena. —¿No es así, Helena?
La suficiencia en su tono era tan evidente que apenas necesitaba traducción. Incluso un tonto podía captar la provocación.
Los dos asistentes se pusieron rígidos, preocupados de que Helena pudiera ofender a su nueva jefa. En una coordinación tácita, dieron un paso adelante, uno a cada lado de Helena.
—¿Sra. Ellis, verdad? A nuestra jefa le encantaría que formara parte de su gran momento. ¡Tiene suerte, de verdad!
—¡Exacto! ¡Esto demuestra lo amable y considerada que es!
La guiaron suavemente hacia el sofá. Helena les dirigió una mirada ligeramente molesta y luego desvió la vista hacia Liliana, que estaba prácticamente radiante de triunfo. Se le escapó una risa suave y seca. No conocía bien a Liliana, no se había formado una opinión ni a favor ni en contra.
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Pero ahora lo veía claramente: detrás de su fachada amistosa se escondía una intrigante. Aunque eso no importaba.
Unos instantes después, el gerente regresó con el contrato, que Liliana arrebató con aire majestuoso. Justo cuando se disponía a firmar, el gerente entró en pánico. —¡Espere, esto no está bien!
Liliana se quedó paralizada y su sonrisa se desvaneció. —¿Qué pasa?
El cliente VIP había especificado que el regalo era para la heredera de la familia Harrison. Naturalmente, el gerente había dado por sentado que el apellido de la joven era Harrison.
Pero ahora, mirando el contrato, parpadeó. El apellido del destinatario no era Harrison.
Ponía Ellis.
Su mirada se dirigió hacia Helena.
—¿Es usted… la señorita Helena Ellis? —preguntó, mirando de reojo la hoja de papel como si no pudiera creerlo.
Helena asintió, sin inmutarse. Ni siquiera miró a Liliana.
El gerente palideció, luego rápidamente le arrebató el contrato a Liliana y se volvió, esta vez con una reverencia llena de respeto. —Le pido sinceras disculpas, ¡ha sido un terrible malentendido! —dijo, sonriendo con una mezcla de pesar y deferencia—. Usted es la legítima propietaria. Por favor, firme aquí.
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