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Capítulo 407:
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Albert se puso rígido, su instinto le decía que no tentara a la suerte, y salió de la cocina sin decir nada.
Cuando se reunió con Natalie y Kareem en la sala de estar, su relato de la reacción de Helena no hizo más que aumentar su inquietud. Kareem también se aventuró a entrar en la cocina, pero una mirada al rostro tenso de Helena le hizo pensárselo dos veces: se tragó las palabras y se marchó en silencio.
Kareem se frotó la barbilla, frunciendo el ceño mientras volvía a la sala de estar.
—Helena dice que Alden está bien, pero ¿por qué parece que lleva todo el mundo sobre sus hombros? —murmuró, perplejo—. Para ser sincero, no es preocupación lo que veo en su rostro, sino más bien rencor.
La palabra resonó en la cabeza de Natalie, aguda e inquietante. Una revelación se agitó bajo su tranquila fachada. Dejó escapar un largo y cansado suspiro, luego se dio la vuelta y se dirigió a la cocina.
—Helena…
Natalie se detuvo en la puerta, la habitual firmeza de su porte se suavizó hasta convertirse en algo vacilante, casi frágil, frente a su hija. Por el rabillo del ojo, Helena vio la preocupación grabada en el rostro de su madre y, tras una larga pausa, finalmente rompió el silencio asfixiante.
—Ya lo sabías, ¿verdad? El plan de Alden de ir solo a Cot-land.
Una sonrisa amarga se dibujó en el rostro de Helena. —Por supuesto que lo sabías. Debería haberlo visto venir. Ese día que invitaste a Alden a dar un paseo por el jardín… tenías algo que decir y te aseguraste de que yo no estuviera presente para oírlo, ¿verdad?
—Helena, yo… —Natalie abrió la boca, buscando una explicación, pero Helena la interrumpió con una sonrisa tranquila y cómplice.
—No tienes que dar explicaciones. Ahora lo entiendo. Lo hiciste para protegerme. —Su mirada se perdió en el horizonte lejano, donde el hombre al que amaba permanecía fuera de su alcance. Un suave suspiro escapó de sus labios. —Alden es muy terco. Aunque hubieras intentado detenerlo, no habría servido de nada. —Su sonrisa se volvió ligeramente amarga—. Al fin y al cabo, quien me excluyó fue Alden, no tú. Cuando vuelva, me aseguraré de que pague por ello.
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Al poco tiempo, los cuatro se reunieron alrededor de la mesa para saborear la comida que Helena había preparado con sus propias manos, en un ambiente alegre y lleno de risas.
Ninguno de ellos se percató de la mirada amarga y ardiente que los observaba desde el otro lado de la ventana.
Esa mirada intensa provenía de Liliana Harrison, la niña que Natalie y Kareem habían acogido como propia.
A través del alto cristal, vio a Natalie, la mujer que una vez la había colmado de afecto, sirviendo con cuidado un plato tras otro a Helena y observándola atentamente cada vez que daba un bocado. Liliana se fijó en su padre, Kareem, famoso en los círculos empresariales por su autoridad, que rápidamente le pasó una servilleta a Helena en cuanto esta dejó el tenedor.
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