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Capítulo 354:
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Una oleada de miedo golpeó a Alden como un puñetazo en el estómago. Entonces vio a un hombre enmascarado que sacaba a una mujer adulta del saco y la trataba con brutalidad.
El edificio estaba demasiado lejos para que pudiera ver claramente el rostro de la mujer. Sin embargo, su delgada silueta no dejaba lugar a dudas: era Helena.
El hombre empujó a Helena hacia el borde de la cornisa. Su frágil cuerpo se tambaleó, como si la más mínima brisa pudiera derribarla.
—¡Helena! —gritó Alden, sin darse cuenta de que la palabra se le había escapado de la garganta.
Volvió a gritar, preparándose ya para correr hacia el edificio sin dudarlo.
Pero la gélida voz de Eleanino cortó el momento como un cuchillo.
—Si das un paso más, ella caerá. Ahora mismo.
Alden se giró rápidamente, clavando en Eleanino una mirada dura y fría.
A esas alturas, Eleanino ya no le importaba el poder que Alden tenía sobre ella.
Vio la mirada gélida en su rostro y soltó una risa seca y cortante. —No me mires así, Alden.
Levantó un comunicador. El hombre enmascarado que estaba junto a Helena estaba al otro lado de la línea.
—¿Qué quieres? —gruñó Alden, apretando los dientes con fuerza.
Eleanino respondió lentamente, saboreando cada palabra: «Quiero que me ames, obviamente».
Luego, casi susurrando para sí misma, sacudió ligeramente la cabeza. «Pero está claro que te estoy pidiendo algo que nunca estarás dispuesto a darme».
Alden no dijo nada. Se limitó a observar cómo ella se desmoronaba, atrapada entre la furia y la tristeza.
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Poco después, Eleanino volvió a mirarlo a los ojos. «Si no me amas», preguntó con dureza, «dímelo, ¿de verdad amas a Helena?».
Antes de que pudiera decir una palabra, ella añadió, alzando la voz: «¡Y no te atrevas a decir que es solo porque es Nyno! En aquel entonces, cuando Nyno y tú os separasteis, ella solo era una niña. No podías mirarla así». Esa era precisamente la duda que siempre había carcomido a Helena en lo más profundo de su ser. Albert había intentado advertirle una vez, pero ella lo había ignorado, eligiendo a Alden por encima de la advertencia.
Al oír esa misma pregunta resonar en el pequeño auricular sujeto a su cuello, Helena sintió que se le oprimía el pecho.
Dejó de respirar por un momento, esperando la respuesta de Alden con la misma desesperación que Eleanino.
Antes, tras salir del vehículo, Alden se había alejado del alcance de la cámara de Eleanino.
Mientras caminaba hacia ella con determinación, había enviado un mensaje en silencio a Darío.
No se dirigió a enfrentarse a Eleanino hasta estar seguro de que Darío lo seguía de cerca.
En ese momento, Alden no se había dado cuenta del auricular oculto que Eleanino estaba utilizando. Y Eleanino no tenía ni idea de que Alden había estado informando a Dario todo el tiempo.
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