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Capítulo 348:
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La voz de Eleanino rezumaba amenaza. —Si traes refuerzos, le desfiguraré el rostro y le destrozaré las extremidades.
Mientras profería estas amenazas, una sonrisa cruel se dibujó en los labios de Eleanino, como si estuviera visualizando el cuerpo mutilado de Helena. —La idea de verla destrozada y ensangrentada me excita, Alden. No me des motivos para hacerlo. Esa imagen mental encendió una ira asesina en Alden.
Tragándose la furia con los dientes apretados, dijo: «Tienes mi palabra, iré solo».
A pesar de haber obtenido su promesa, Eleanino se sentía extrañamente vacía.
¿De verdad Alden lo arriesgaría todo por Helena?
Miró con odio a su cautiva, con la mente agitada por pensamientos amargos. Una niña abandonada por la familia Harrison, una huérfana destinada a la insignificancia… ¿Con qué derecho reclamaba Helena tanta abundancia?
—Primero, déjame oír la voz de Helena —exigió Alden, interrumpiendo el resentimiento que hervía en Eleanino.
Aunque reacia, Eleanino se dio cuenta de que era necesario obedecer para que su trampa funcionara. —¿Alden?
La voz familiar inundó el auricular unos instantes después.
Una pinza invisible aplastó el corazón de Alden, oprimiéndole la garganta hasta que le resultó imposible hablar.
El dolor punzante en sus oídos desapareció momentáneamente, sustituido por una preocupación desesperada por el bienestar de Nyno.
Consciente de la presencia de Eleanino, Alden reprimió su anhelo y habló con calculada indiferencia. —Los papeles del divorcio siguen sin firmar, así que debes sobrevivir y esperar mi llegada. No tengo ningún deseo de lidiar con disputas por la herencia con la familia Harrison si tú pereces. —Sus frías palabras golpearon el corazón de Helena como martillazos.
Mientras tanto, los labios de Eleanino se curvaron en una sonrisa de satisfacción.
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—¿Has oído eso? —preguntó Alden a Helena, que estaba en estado de shock, con evidente tensión bajo su tono controlado.
Entonces, como si amaneciera, la comprensión iluminó la mente de Helena.
Recordó lo que él había dicho antes: que nunca se divorciaría de ella.
No la estaba instando a divorciarse, sino ordenándole que sobreviviera.
Las lágrimas brillaban en los ojos de Helena mientras forzaba su voz a adoptar un tono frío que imitaba el de Alden. «No te preocupes. Por ahora estoy perfectamente a salvo. Te prometí que pediría el divorcio y no me aferraré más a ser tu esposa».
Al oír que estaba a salvo, Alden exhaló en silencio y el alivio se apoderó de sus tensos rasgos.
Eleanino se abalanzó antes de que pudieran intercambiar otra palabra y le arrebató el teléfono con dedos ágiles. Miró a Helena y esbozó una sonrisa burlona que se extendió lentamente por su rostro.
—Tu vida pende de un hilo, y lo único que parece preocuparle a Alden es finalizar tu divorcio —comentó, con veneno en cada sílaba. Con una satisfacción evidente, se inclinó hacia ella—. ¿Aún albergas la ilusión de que él te ama de verdad?
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