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Capítulo 338:
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El corazón de Eleanino latía con fuerza contra sus costillas. La sangre se le escapó del rostro.
Forzó una risa frágil, luchando por recuperar la compostura. «¿Por qué pregunta eso, señorita Ellis?», dijo, inyectando falsa diversión en su tono. «Por supuesto que fue un accidente».
«¿Ah, sí? Entonces quizá pueda explicar esto». Helena hizo un gesto a un miembro del personal, que inmediatamente puso la grabación.
Las luces de la sala se atenuaron ligeramente y la enorme pantalla cobró vida.
Allí estaba: el mismo vídeo que Alden ya había visto.
La sutil señal de Eleanino a su subordinado ahora se veía ampliada para todos los ojos de la sala.
La multitud murmuró, un mar de inquietud.
Eleanino abrió los labios, pero no dijo nada. Sus ojos, muy abiertos y llenos de pánico, se posaron en Alden.
Él la ayudaría, pensó. Si no era por ella, entonces por la empresa. Por la marca.
Por la imagen.
Pero la voz de Alden destrozó esa esperanza.
—Señorita Haynes, responda a la pregunta de la señora Ellis. —La miró directamente a los ojos, sin mostrar ninguna amabilidad. No había defensa en su tono. Solo expectativa.
Eleanino se tambaleó donde estaba, todo su mundo se inclinó.
Helena miró a Alden, solo un instante, y luego ambos apartaron la vista. No tuvo tiempo de interpretar las acciones de Alden.
«Yo… solo estaba preocupada», balbuceó Eleanino. «Había rumores sobre el mantenimiento de esa escalera mecánica. Le pedí a mi subordinado que la supervisara… Nunca imaginé…».
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«¿No imaginaste que pulsaría el botón de parada de emergencia mientras mi colega y yo todavía estábamos en ella?», espetó Helena con tono cortante, desmontando la mentira. «¿Es eso lo que estás diciendo?». Con un movimiento de la mano, Helena reprodujo el siguiente fragmento del vídeo.
Se veía un dedo, el del subordinado de Eleanino, pulsando con precisión el botón rojo brillante de parada.
Luego vino el golpe final. Apareció un segundo clip: registros de transacciones. Una lista ordenada de transferencias de dinero sospechosas que vinculaban a Eleanino con ese mismo empleado. Se hizo un silencio sepulcral.
El rostro de Eleanino se desmoronó. No quedaban palabras para salvarla.
—Yo… eh… yo… —tartamudeó Eleanino, con la mirada perdida, hasta que de repente se dio cuenta de que todas las personas en la sala la miraban fijamente.
Mirara donde mirara, todos los rostros de la sala estaban vueltos hacia ella, observándola en silencio. Desesperada, se volvió hacia Alden. «Alden… Sr. Wilson, por favor, ayúdenme. Tienen que ayudarme».
Su mano, temblorosa y suplicante, se extendió hacia él.
Alden no se inmutó. Dio un paso hacia un lado, evitando por completo su contacto. Luego, volviéndose hacia las filas de cámaras, dijo en un tono tranquilo y distante: «La señorita Eleanino Haynes ya no forma parte de nuestra empresa. Su contrato ha sido rescindido oficialmente. Ha sido invitada aquí para abordar el incidente de la escalera mecánica y ofrecer una explicación pública».
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