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Capítulo 337:
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Antes de que pudiera terminar, su brazo se deslizó alrededor de su cintura. Firme, inflexible, familiar.
La atrajo hacia sí, sujetándola contra él como si tuviera todo el derecho a hacerlo.
El aroma de la menta se aferraba a él.
Envolvió sus sentidos como un recuerdo demasiado vívido como para ignorarlo. Se le cortó la respiración.
Este abrazo… Dios, había pasado tanto tiempo. Demasiado tiempo. Desató mil fantasmas en su interior. Su mente dio vueltas y su cuerpo se olvidó de resistirse. Una ola de nostalgia la invadió, agridulce y dolorosa.
Una vez, habían sido inseparables. Una vez, él había sido suyo. ¿Cómo se había desmoronado todo?
Se le hizo un nudo en la garganta. Las lágrimas brotaron sin poder evitarlo. Entonces, tan rápido como la había tocado, Alden la soltó. La ausencia de su brazo fue repentina y fría.
—No me divorciaré de ti —dijo.
Helena se quedó clavada en el sitio.
¿Por qué? ¿Lo recordaba todo?
Antes de que pudiera ordenar sus pensamientos, él se había dado la vuelta y cruzaba el suelo de mármol, dirigiéndose directamente al escenario principal del salón de banquetes.
Al otro lado de la sala, Leonino había apartado a Eleanino, pero sus ojos seguían fijos en Alden y Helena como espinas.
En el momento en que los vio juntos en ese baile, algo se rompió dentro de ella. Los celos torcieron sus rasgos. Apretó la mandíbula mientras observaba la escena.
Pero el clic de las cámaras desvió su atención.
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Su corazón dio un vuelco. No, eso no podía estar pasando.
Había prohibido explícitamente cualquier cadena que no fuera Genie TV. ¿Cómo habían entrado esos periodistas?
Aún aturdida, Eleanino apenas se percató de que un miembro del personal de Star Wish Investments la acompañaba al escenario.
Como vicepresidenta, no tenía otra opción. Sus piernas se movieron antes de que su cerebro pudiera reaccionar.
Esbozó una sonrisa, con una expresión rígida pero ensayada, y se volvió hacia la multitud hambrienta y sus flashes.
La mayoría de los periodistas se mostraron cautelosos. Sabían que a Alden no le gustaba la prensa y que no toleraría provocaciones. Sus preguntas fueron moderadas, superficiales.
Alden, como era de esperar, se lo dejó todo a ella.
Respondió a las preguntas con elegancia y refinamiento. Sus respuestas no revelaron nada, pero de alguna manera se ganaron gestos de aprobación. Sintió que empezaba a respirar de nuevo.
Entonces llegó, como una daga atravesando la seda.
—Señorita Haynes, me gustaría preguntarle en nombre de todos. ¿El incidente de la escalera mecánica en el centro comercial fue realmente un accidente o fue resultado de la intervención humana? La voz sonó clara y firme. Helena.
Se oyeron exclamaciones en toda la sala.
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