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Capítulo 303:
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«Solo para que lo sepas, estoy aquí para hablar del divorcio. Nunca me apunté a una entrevista», dijo mirándola a los ojos, con tono firme.
Una vez que se enteró de su pérdida de memoria, Helena se prometió a sí misma no tomarse a pecho su frialdad.
Pero ahora, al ver esa expresión distante y cautelosa en su rostro, algo pesado le cayó en el pecho.
Respiró lentamente y esbozó una sonrisa forzada. —Si te niegas a la entrevista, entonces no hablaremos del divorcio.
—Tú… —Alden estaba atónito por haber sido superado, por una vez, por una mujer.
Apretó la mandíbula mientras se recostaba en el sofá, con voz baja y seca—. Está bien. ¿Qué quieres preguntar?
La forma en que cedió casi hizo reír a Helena. Lo disimuló con un rápido carraspeo y luego dijo: —¿Cuál es su opinión sobre el matrimonio, señor Wilson?
Alden apretó los labios, claramente molesto por la pregunta.
Helena no se inmutó ante su silencio. —¿Utilizarías tu matrimonio, tal vez para vengarte o para avanzar en tu carrera?
La pregunta le afectó más de lo que Alden esperaba.
Su corazón seguía ligado a Nyno. ¿La idea de utilizar el matrimonio como herramienta, para vengarse o por ambición? No le gustaba nada.
Y en lo que respecta a la venganza o a labrarse una carrera, ya tenía su estrategia trazada. Pasar desapercibido en el extranjero le había dado la distancia necesaria para planearlo todo con cuidado, sin necesidad de recurrir a un matrimonio falso para engañar a la familia Wilson. Entonces, ¿por qué se le había ocurrido siquiera casarse con Helena?
¿De verdad había cambiado tanto de opinión en los últimos dos años? Helena percibió el destello de duda en sus ojos y se inclinó hacia él con voz firme.
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—Cuando las cosas estaban difíciles en el extranjero, recibiste ofertas de familias ricas dispuestas a concertar matrimonios para ti. Las rechazaste todas. Luego regresaste con Star Wish Investments ya bastante consolidada. Entonces, ¿por qué aceptaste un contrato matrimonial?
—¿Qué quieres decir? —El tono de Alden se endureció, su paciencia se agotaba.
Helena lo miró fijamente, imperturbable. —No quiero decir nada. Solo intento comprender quién es usted realmente, señor Wilson. Si me equivoco, no dude en corregirme».
Bajo la mesa, Alden apretó los puños.
«¿Recuerda esto?», preguntó Helena con voz suave mientras giraba la mano y mostraba una cicatriz pálida y estrecha.
Su piel era suave, casi como la porcelana, lo que hacía que la tenue cicatriz resaltara aún más.
Alden la miró fijamente, frunciendo el ceño, justo cuando ella respondía por él. —Se te cayó el audífono. Rylan fue a aplastarlo y yo me interpuse. En lugar de eso, me pisó.
—Tú… —La voz de Alden se quebró y una expresión de sorpresa se dibujó en su rostro.
Antes de que pudiera responder, Helena sacó un delicado marcapáginas de su cuaderno y se lo mostró. Era un pétalo.
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