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Capítulo 300:
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«Estoy aquí por la misma razón, para discutir cómo podemos ayudarte». De repente, la esperanza a la que se había aferrado Dorian se desintegró.
Ocultando su decepción, esbozó una sonrisa forzada. «Claro, ahora nuestra prioridad es resolver la situación de Alden».
Dejando a un lado sus emociones, Dorian y Valeria acordaron en silencio dar prioridad a ayudar a Helena y Alden.
Alden había vuelto a su puesto en Star Wish Investments.
Tras pasar varios días recuperándose en el hospital, se encontró abrumado por el trabajo acumulado y una serie de reuniones consecutivas. Curiosamente, durante las reuniones, las imágenes de Helena persistían en sus pensamientos. Recordaba sus ojos llenos de lágrimas mirándolo. Su frenética persecución del coche, temeraria y decidida, era para entregarle un audífono. La visión de su rodilla, manchada de sangre…
—¿Señor Wilson? ¿Señor Wilson?
Absorto en sus pensamientos, Alden no había prestado atención al informe de su asistente. Eleanino tuvo que llamarlo suavemente para que volviera al presente.
«¿Está bien?», preguntó Eleanino, observando la expresión distante del rostro de Alden.
Alden recuperó la concentración, negó con la cabeza y se dispuso a reanudar la reunión, cuando Eleanino vio el audífono en su oído.
Ese audífono, un pedido personalizado de Leonino, claramente acababa de ser entregado por Helena.
Intentando disimular su irritación con una voz suave, Eleanino sugirió: «Quizá ahora no sea el mejor momento para ponerse el audífono. Podría inquietar a nuestros inversores minoristas y afectar a las acciones».
Su lógica era sólida, pero los pensamientos de Alden volvieron a Helena. Ella había corrido un gran riesgo para asegurarse de que él recibiera el audífono necesario a tiempo.
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Para ella, la opinión pública y la estabilidad del mercado de la empresa eran secundarias; su bienestar era su prioridad.
A pesar del consejo, Alden se dejó puesto el audífono.
Respondió con compostura: «Los inversores minoristas valoran mi criterio, no mi capacidad auditiva».
Señaló su cabeza con una sonrisa de orgullo. «Todo está aquí». Esta muestra de confianza hizo que la admiración de Eleanino por él se hiciera aún más profunda.
Ansiosa por pasar más tiempo con él, Eleanino invitó a Alden a un almuerzo privado en el restaurante de la empresa tan pronto como concluyó la reunión, con el pretexto de discutir asuntos de trabajo.
Durante toda la comida, Eleanino eligió cuidadosamente sus palabras, con la intención de revelar sus sentimientos.
Sin embargo, antes de que pudiera expresarse, la puerta se abrió de golpe y apareció un visitante inesperado.
«¿Xavier? ¿No estabas…?». Eleanino fue interrumpida en mitad de la frase por la risa burlona de Xavier.
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