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Capítulo 295:
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«¿Qué tipo de asunto personal hay que discutir en la calle?». Eleanino esbozó una sonrisa cortés, pero sus palabras dolían. «Alden es el director ejecutivo de Star Wish Investments. ¿Entiendes que mucha gente está pendiente de cada uno de sus movimientos?
¿Tienes que llamar así la atención?».
Helena no pasó por alto el tono de sus palabras. Ya había visto suficiente.
Una y otra vez, la cortesía de Eleanino apenas ocultaba su desdén.
No más fingir. Fijó la mirada en Eleanino y habló con claridad. —Señorita Haynes, ¿está insinuando que quiero romper nuestro acuerdo matrimonial secreto? ¿Que estoy montando un escándalo para revelarlo a propósito?
Eleanino parpadeó. —¡Yo no he dicho eso! —Su negación fue demasiado rápida, demasiado ansiosa.
Una lenta sonrisa se dibujó en los labios de Helena. —Si no es eso lo que querías decir, entonces bien.
Porque lo que realmente he venido a hablar es del divorcio.
La palabra cayó como una piedra.
Eleanino abrió los labios. Por un momento, la alegría iluminó sus ojos, sin guardarse nada, con crudeza. Se contuvo rápidamente, ocultándola tras otro fruncimiento.
—El divorcio no es algo que se discuta aquí —dijo con rigidez.
—Me encantaría hablar con Alden en privado —respondió Helena, tranquila y firme—. Si nos da un momento, señorita Haynes.
Su tono era afilado como una navaja, cada sílaba cortaba limpiamente la falsedad. Eleanino se sonrojó. Abrió la boca para discutir, pero Alden se adelantó.
—Vuelve al coche. Yo hablaré con ella.
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—Pero…
—He dicho que te vayas. —Su voz se volvió más fría—. Romper este matrimonio por conveniencia también forma parte de mi plan. Dado que la señorita Ellis opina lo mismo, prefiero zanjar el asunto cuanto antes.
Helena se quedó paralizada. La señorita Ellis. Zanjar el asunto cuanto antes.
Las palabras la atravesaron como si fueran de cristal. Él quería terminar. Ni siquiera había dudado.
Lo que Helena no sabía, lo que Alden no podía admitir, era que oír la palabra «divorcio» en boca de ella lo había conmocionado más de lo que quería mostrar. Su mente se había visto obligada a olvidar, pero su cuerpo lo recordaba todo. Cada momento en que la había amado.
Eleanino no tuvo más remedio que marcharse.
Por suerte, había una pequeña cafetería cerca. Helena y Alden entraron y eligieron una sala privada.
—Sobre el divorcio, ¿tienes alguna petición…? —Alden no se anduvo con rodeos.
Pero Helena lo interrumpió antes de que pudiera terminar. Metió la mano en el bolso, sacó una pequeña caja y la abrió para mostrarle el audífono. —Póntelo ahora. Si esperas, tus oídos se deteriorarán aún más.
Alden abrió mucho los ojos: reconoció al instante que era el aparato que Leonino había diseñado en exclusiva para él.
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