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Capítulo 884:
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En un abrir y cerrar de ojos, Aiden acortó la distancia entre Kenneth y él, y le agarró con fuerza por el cuello. Su intención asesina era palpable, su agarre inquebrantable, como si esperara la orden de Janice para romperle el cuello a Kenneth.
Sin embargo, Kenneth no se inmutó. Simplemente miró fijamente a Aiden, imperturbable. «Aiden, no lo hagas».
Ante las palabras de Janice, Aiden soltó su agarre y retrocedió hasta colocarse detrás de ella. «Kenneth, Janice puede que confíe en ti, pero yo no».
Kenneth exhaló bruscamente, frotándose el cuello antes de soltar una risa tranquila y sin alegría. «No necesito tu confianza». Volvió a centrar su atención en Janice. «Mientras ella confíe en mí, eso es suficiente».
Aiden frunció aún más el ceño y apretó los puños a los lados. ¿Por qué estaba Kenneth tan engreído? ¿De verdad creía que decir eso convencería a Janice? Qué ingenuo.
«Janice, decidas lo que decidas, te apoyaré», dijo Kenneth con firmeza. «¿Qué tal si tendemos una trampa y eliminamos a los hermanos Welch para siempre?».
Janice rechazó la idea de plano. «Matarlos sería demasiado fácil. No es el tipo de venganza que quiero de ellos». Un destello frío brilló en sus ojos. «Están tan orgullosos de su poder, que los aplastaré con lo que creen que los hace intocables».
Kenneth se quedó momentáneamente desconcertado. Así que Janice planeaba enfrentarse a la familia Welch.
Había habido momentos en los que le preocupaba que ella se sobreestimara, que incluso con el apoyo de Aiden, desafiar a la familia Welch fuera casi imposible. Pero esa noche, tras descubrir su verdadera identidad como JE, finalmente lo entendió. Janice no solo hablaba. Tenía el poder para respaldar cada una de sus palabras.
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«De acuerdo», dijo Kenneth, respirando profundamente. «Te ayudaré. Quizá sea presuntuoso por mi parte, pero haré todo lo que pueda».
«Kenneth, ¿no te parece un poco ridículo decir eso?», preguntó Aiden arqueando una ceja, con tono burlón. «Ni siquiera eres aún el jefe de la familia Delgado. ¿Qué te da derecho a hacer tales promesas? Las palabras por sí solas no te llevarán a ninguna parte».
Kenneth apretó la mandíbula. Aiden no se equivocaba. Sin autoridad real sobre la familia Delgado, sus palabras no significaban nada. Si realmente quería ayudar a Janice, tenía que reclamar la posición que le correspondía, porque enfrentarse a la familia Welch sin poder era solo una quimera.
—Mira, no estoy aquí para pelear contigo, Aiden —Kenneth suspiró lentamente—. Solo quiero hacer todo lo que pueda por Janice. Eso es todo.
Aiden se quedó momentáneamente desconcertado. Observó a Kenneth con una chispa de sorpresa en los ojos. ¿Qué quería decir con eso? ¿Había renunciado a conquistar a Janice?
Kenneth comenzó: —Janice, eres una persona increíble. Sé que hay una diferencia entre nosotros, así que sigamos siendo amigos. Es lo mejor para los dos».
«Me alegro de que lo veas así», sonrió Janice, con expresión serena mientras miraba a Kenneth a los ojos. «Seremos grandes amigos».
Kenneth finalmente sintió una sensación de alivio. Ya no tenía que preocuparse por conquistar a Janice ni por jugar con la mente de Aiden.
La gente lo comparaba constantemente con Aiden, pero Kenneth siempre se había mantenido centrado en su propio objetivo: mantener a su familia.
Para Kenneth, Aiden no era un rival, sino un referente, un estándar para esforzarse aún más.
En ese momento, el teléfono de Kenneth vibró con fuerza, y su tono de llamada rompió el silencio de la noche.
Kenneth miró el identificador de llamadas y levantó ligeramente las cejas, sorprendido. Miró a Janice y Aiden. La llamada era, sin duda, de la familia Welch.
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