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Capítulo 651:
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«Aún no me has dicho cómo piensas deshacerte de Janice más tarde».
«¿Por qué deshacerme de ella?», Leonidas se encogió de hombros con indiferencia. «Quiero que viva con remordimientos y miseria por el resto de su vida».
«¡Leonidas!», Alissa dio un golpe en la mesa con la mano, se puso de pie y lo señaló con furia. «¿Has olvidado lo que dije? Quiero a Janice muerta».
Leonidas se levantó lentamente, apartando suavemente el dedo de Alissa.
«Janice es una adversaria digna. No quiero matarla todavía. La vida sería demasiado aburrida sin ella para jugar».
El rostro de Alissa se retorció de ira.
«Ahora todo tiene sentido. Le dejaste pistas a propósito. Nunca pensaste en matarla».
Leonidas sonrió con aire burlón, curvando los labios mientras la miraba. «No eres tan tonto como pareces».
Alissa se rió a carcajadas, con una sonrisa retorcida y maliciosa. «¿Ah, sí? ¿Y si te dijera que ya lo veía venir y que hice mis propios planes? Si Janice intenta salvar a Stephen, está muerta».
La copa de vino que Leonidas tenía en la mano se rompió con un estruendo. Se abalanzó sobre ella y la agarró por el cuello. «¿Te has atrevido a hacer tus propios planes a mis espaldas?».
Alissa lanzó una mirada fulminante a Leonidas, con la respiración acelerada, pero con los ojos brillantes y juguetones. «Al final del día, Janice ya no será un problema».
«Tú…». Leonidas abrió la boca para responder, pero de repente sonó su teléfono.
La soltó y sus ojos se oscurecieron al mirar el identificador de llamadas. La llamada confirmó su temor: Janice había encontrado las pistas y se dirigía directamente hacia Stephen.
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—Janice, eres tan perspicaz como siempre. Creía que había escondido bien esas pistas, pero aún así las has encontrado. —El rostro de Leonidas se ensombreció. Alissa había estropeado sus planes.
Ahora solo podía esperar que Janice no fuera lo suficientemente inteligente como para ir a salvar a Stephen.
Leonidas sabía lo profundo que era el odio de Alissa hacia Janice. Si Alissa estaba tan segura, el lugar debía de estar lleno de peligros.
—Leonidas, quédate aquí y observa cómo Janice encuentra su fin —Alissa se rió entre dientes, tambaleándose hacia la ventana.
Miró a través de ella y vio un fuego ardiente en la distancia, donde estaba Stephen.
Mientras tanto, la mente de Stephen se volvía cada vez más confusa. El calor y el humo que lo rodeaban llenaban la habitación, agotando sus fuerzas, como si le estuvieran robando la vida.
De repente, hubo una explosión y se abrió una enorme brecha en la habitación, dejando entrar una ola de llamas.
El calor devolvió a Stephen a la realidad. Luchó, tratando desesperadamente de escapar del fuego con sus últimas fuerzas.
Su vida se le escapaba, pero antes de que terminara, tenía que ver a Janice una vez más.
Tenía demasiadas preguntas en la cabeza, preguntas que solo Janice podía responder. No podía morir allí, todavía no.
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