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Capítulo 1103:
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«Entonces, ¿a qué esperamos? Vamos a comer algo».
Cuando Janice se levantó de su asiento, su teléfono vibró con un nuevo mensaje de Minnie.
La mirada de Janice se detuvo en el mensaje, y sus labios esbozaron una sutil sonrisa de complicidad mientras un destello de tranquila diversión brillaba en sus ojos.
«¿Qué tipo de mensaje te hace sonreír así?». La curiosidad de Aiden se despertó y se inclinó hacia ella. Al leer el mensaje, levantó las cejas con sorpresa. «Minnie es bastante despiadada».
Janice se rió entre dientes. «Si no lo fuera, no sería la cabeza de la familia Payne. Puede que sea una mujer, pero inspira respeto como nadie. La caída de Oliver era inevitable. Su orgullo no podía soportar el hecho de que su hermana lo superara. Y en lugar de aceptarlo, dejó que el resentimiento lo llevara directamente a la ruina».
Minnie había manejado a Oliver con brutal eficacia: lo había exiliado al ejército, asegurándose de que nunca regresara.
Fue una jugada calculada que destrozó su libertad y aplastó sus ambiciones de un solo golpe.
Para la familia Payne, fue una jugada maestra que consolidó su poder y prestigio.
Y para suavizar las cosas con la familia White, Minnie no solo ofreció una disculpa, sino que la respaldó con una cuantiosa suma de dinero, financiando íntegramente los proyectos del Grupo White como muestra de buena voluntad.
Aiden ladeó la cabeza, intrigado. —¿Y ahora qué? ¿Estás dispuesta a perdonarlos?».
«Minnie es una aliada que vale la pena conservar. Ella ha jugado su carta; es justo que yo haga lo mismo», respondió Janice, guardando su teléfono. «Este asunto está zanjado. Tenemos problemas más importantes que resolver. No podemos permitirnos el lujo de hacer enemigos innecesarios».
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Aiden estaba a punto de hablar, dispuesto a decirle que con él a su lado, no tenía nada que temer de hacer enemigos. Pero se contuvo. Janice nunca había sido de las que se apoyaban en nadie. Suponer lo contrario solo la alejaría más.
Janice accedió a reunirse con la familia Welch en el Hotel Sharina.
Su ambiente tranquilo lo convertía en un lugar adecuado para las negociaciones, pero lo más importante era que el hotel pertenecía a la familia Payne, una elección deliberada para asegurar a Janice que no se trataba de una trampa.
Cuando ella y Aiden llegaron, una ola de tensión se apoderó del personal del hotel.
La creciente influencia de Janice era innegable, una fuerza que incluso la familia Welch encontraba difícil de desafiar. Su juventud y su presencia imponente, junto con un carisma innegable, la convertían en una figura de admiración e intriga.
Además, sus múltiples identidades no hacían más que aumentar su misterio, atrayendo a innumerables admiradores y seguidores leales.
Para el personal, trabajar en el hotel ya era un privilegio, pero hoy se sentían excepcionales: estaban en presencia de leyendas vivas.
«La señorita White es impresionante en persona», murmuró un miembro del personal.
«Y el señor Green, igualmente llamativo. Hacen una pareja estupenda», añadió otro, mientras los veía acercarse.
Los empleados observaban a Janice y Aiden con miradas llenas de asombro y reverencia.
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