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Capítulo 1152:
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La oscuridad seguía envolviendo el coche, testigo mudo de los momentos que acababan de pasar. Sus respiraciones, antes agitadas, encontraban ahora un ritmo tranquilo, mientras tanto Marcus como Melissa encontraban consuelo en la quietud.
Las palabras sobraban entre ellos. A pesar de que Matthew ya había compartido intimidad antes, los confines del coche eran la primera vez para ellos. La aventura había sido emocionante, pero a su paso se apoderó de ellos un silencio incómodo.
La voz de Marcus, áspera por las escapadas de la noche, rompió el silencio.
«Iré a fumar un cigarrillo rápido y luego nos iremos a casa».
La respuesta de Melissa fue lacónica. «De acuerdo.
Sus palabras desmentían sus verdaderos sentimientos, pues parecían más un suspiro que un discurso.
Marcus le devolvió la mirada.
Melissa, en un arrebato, intentó abrocharse la blusa, con los dedos temblorosos a cada intento.
Observando su lucha, Marcus se acercó a ella y se hizo cargo de la tarea con una delicadeza que desmentía sus manos masculinas, abotonándole la blusa con facilidad.
Melissa, incapaz de resistirse a una broma, comentó: «Tus dedos parecen muy hábiles».
«¿No disfrutaste con ellos?» replicó Marcus, con una sonrisa apenas visible en la penumbra mientras abría la ventana y encendía un cigarrillo.
El suave resplandor iluminó brevemente sus facciones, resaltando los apuestos contornos de su rostro que Melissa había encontrado irresistibles en otro tiempo. Ahora, al reflexionar sobre sus repetidos encuentros íntimos desde su regreso, la invadió una oleada de vergüenza. La complejidad de su relación era algo que le costaba expresar.
Marcus, consciente de que Melissa estaba en el coche, dio unas cuantas caladas a su cigarrillo antes de apagarlo.
Luego salió a la noche y se detuvo para hacerle un leve recordatorio por encima del hombro. «Quédate en el asiento de atrás. Ordena un poco. No demos a nadie nada de qué hablar».
Melissa, con las mejillas encendidas por sus palabras, sólo pudo asentir con la cabeza, mientras el rubor de la vergüenza se extendía por su rostro.
Marcus se sentó en el asiento del conductor y echó un rápido vistazo al reloj antes de encender el motor.
Eran casi las nueve de la noche, casi una hora desde que Melissa y él se habían retirado al coche para su intimidad.
El recuerdo del tiempo que habían pasado juntos persistía dulcemente en su mente, dejándole con ganas de más. Si las circunstancias hubieran sido distintas, no se habría separado de Melissa tan rápidamente. Al fin y al cabo, la satisfacción no era fácil, sobre todo para un hombre treintañero como él.
El viaje de vuelta transcurrió en silencio, cada uno sumido en sus pensamientos.
Al llegar a la casa, se encontraron con Matthew en el porche, abrazado a Minnie, con la cabeza del cachorro reposando tranquilamente sobre su regazo.
La cara de Matthew, manchada de barro, estaba marcada por las lágrimas.
Al ver a sus padres, la tristeza de Matthew se hizo más profunda. «Mamá, papá…
Minnie- A Minnie la mordió Jessie- ¿Morirá?».
Melissa se quedó helada, mientras Marcus inspeccionaba cuidadosamente a Minnie, notando un mordisco en el trasero de la cachorrita. «¿Estás seguro de que ha sido Jessie, Matthew?». La ceja de Marcus se arqueó en forma de pregunta.
Matthew asintió apesadumbrado.
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