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Capítulo 93:
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Laura soltó una risa amarga. «No olvides quién soy. Yo te di la vida. Si decido corregirte, no tienes más opción que aceptarlo.»
Que una madre le dijera eso a su propia hija era algo casi imposible de creer.
Un leve temblor pasó por las pestañas de Verena, y luego sus labios se curvaron en una sonrisa fría. «Si así son las cosas, deja de llamarme tu hija. Yo nunca te vi como una madre.»
La insolencia cortó a Laura como una hoja. Respiró profundo y asintió con brusquedad. «Que así sea. Si no me reconoces, yo misma te desecho. A partir de este momento, ya no eres mi hija. ¡Haz tus maletas y sal de esta casa!»
Su mano señaló hacia las escaleras, los ojos brillando con un desdén helado, sin rastro de pena ni arrepentimiento.
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¿Que se vaya? Verena soltó una risa corta y burlona. Esta casa nunca había tenido el calor de un hogar para ella de todas formas.
Pasó junto a ellas sin dudar y habló por encima del hombro. «Si vamos a romper los lazos, que sea definitivo. A partir de hoy, tú no eres mi madre y yo no soy tu hija. Recuérdalo bien, Sra. Willis: lo que logre en el futuro me pertenece únicamente a mí. La familia Willis no tiene ningún derecho sobre ello.»
Lo que Laura realmente quería era una hija que inclinara la cabeza. Había algo en la manera en que Verena se conducía que le revolvía el estómago. Mientras la escuchaba hablar, Laura no escuchaba más que orgullo hinchándose en una voz que no se lo había ganado.
No podía creer que Verena se atreviera a hablar de logros futuros y advertirles que no reclamaran nada. Si Verena no hubiera nacido como su hija, ni siquiera estaría de pie allí, envuelta en privilegios que nunca habían sido suyos de verdad. En la mente de Laura, solo era por su próxima boda con Isaac que Verena se atrevía a hablar así.
Empujada más allá de toda razón, Laura replicó: «La familia Bennett quiere a una hija de la familia Willis. Tú ya no eres mía, así que deja de soñar con casarte con esa familia.»
A su lado, Kaia se quedó boquiabierta. No había creído que Laura fuera a cortar los lazos con Verena de manera tan decisiva. Aun así, una sonrisa callada tiró de las comisuras de sus labios, porque ese era exactamente el resultado que había deseado durante tanto tiempo. Ahora Verena ya no era una rival por el afecto, ya no era una hija de la familia Willis, y lo más importante: ya no era una candidata para casarse con Isaac. Su deseo se había cumplido.
El sonido de las palabras glaciales de Laura siguió a Verena, deteniéndola en seco y arrancándole una risa seca de la garganta. Laura parecía convencida de que arrebatarle el estatus y negarle un matrimonio con una familia adinerada era el golpe más devastador que podía asestarle. Pero Laura nunca había entendido de verdad el corazón de su hija.
Verena se dio la vuelta con expresión fría. «Está bien. Pero no te engañes creyendo que la familia Bennett es tuya para manipular. Cuando lleguen las consecuencias, no podrás cargarlas. Estaré mirando cuando suceda.»
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