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Capítulo 773:
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Ocultando su nerviosismo, Henson sacó su móvil y abrió un archivo que había preparado de antemano. Deslizó el dispositivo por el escritorio. «Sinceramente, al principio pensé que podría tratarse de un malentendido. Quería estar seguro, así que investigué un poco. Conseguí grabar algo; échale un vistazo tú mismo».
Pulsó el botón de reproducción. La pantalla se iluminó con unas imágenes de Howe y Verena acurrucados en un rincón tranquilo, en lo que parecía una conversación privada.
No había audio, pero la imagen por sí sola sugería secretismo. Era difícil pasar por alto su proximidad.
«Y eso no es todo», añadió Henson, sacando un documento de su maletín y deslizándolo por el escritorio. «Moví todos los hilos que pude para conseguir este registro de transacciones. Muestra un pago realizado a la esposa de Howe desde una cuenta imposible de rastrear. No quería traerle rumores, señor Kirk. Se merece pruebas sólidas. Siempre ha confiado en mí, y quería que viera la verdad por sí mismo. Nada de esto me cuadraba, y no podía dejar de informar de ello».
En cuanto las palabras salieron de su boca, Henson observó a Sherwood con atención, siguiendo cada parpadeo y cada tic.
𝗥𝗼𝗺𝗮𝗻𝗰𝗲 𝘆 𝗽𝗮𝘀𝗶𝗼́𝗻 𝗲𝗻 𝗻𝗼𝘃𝗲𝗹𝗮𝘀𝟰𝗳𝗮𝗻.𝗰𝗼𝗺
La expresión de Sherwood se ensombreció, y sus ojos se movían entre las imágenes y el registro de la transacción.
El silencio se apoderó de la oficina, tan denso que parecía asfixiar el aire.
Tras haber pasado años bajo el mando de Sherwood, Henson reconoció la tormenta que se cernía bajo esa fría apariencia.
Intuyendo una oportunidad, Henson se inclinó hacia él y bajó la voz hasta convertirla en un susurro cómplice. «Señor Kirk, fíjese bien en esto. ¿Le parece que esto es un informe de vigilancia rutinario? Usted dijo que Howe debía mantenerle al corriente sobre Verena, ¿verdad? ¿Le ha mencionado alguna vez que se haya reunido con ella en persona?».
Sherwood frunció el ceño y la tensión en su mandíbula se acentuaba por segundos.
Sin perder el ritmo, Henson insistió: «Si todo fuera legal, habría acudido a usted en cuanto ocurrió. En cambio, no ha sabido nada hasta ahora».
Un músculo se crispó en la mejilla de Sherwood. Su pecho subía y bajaba con respiraciones cortas y controladas, pero permaneció en silencio, mordiéndose la lengua.
Henson respiró con dificultad y asestó su golpe final. «Y hay algo más. Al día siguiente de esa reunión secreta, la mujer de Howe recibe de repente un enorme ingreso procedente de una cuenta misteriosa. ¿Se supone que debemos llamar a eso una coincidencia? ¿Por qué te lo ocultaría Howe si todo fuera legal? Simplemente no cuadra. Quizá…»
Dejó la idea en el aire —tal y como Isaac le había indicado—, permitiendo que la sospecha floreciera en el espacio que había dejado.
Al principio, Sherwood había albergado dudas sobre las palabras de Henson.
Sin embargo, una vez que le presentaron las pruebas, su escepticismo innato se encendió como una chispa en la hierba seca, y una inquietud creciente se deslizó en su pecho.
Aun así, los años pasados en el despiadado campo de batalla de los negocios habían endurecido su expresión hasta convertirla en piedra. Su agitación interior permanecía profundamente enterrada, revelada únicamente por el apretón de su mandíbula. Ese único gesto delataba la tormenta que se desataba bajo la superficie.
Levantó la cabeza, con la mirada aguda como la de un águila que surca el cielo, fijándola directamente en Henson. Su voz tenía un tono gélido que parecía enfriar el aire.
«Muy bien. Lo entiendo. Tu lealtad sigue siendo reconocida. En cuanto a este asunto, lo investigaré a fondo.
Ya puedes irte».
Con un breve gesto de la mano, le dio permiso para retirarse.
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