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Capítulo 640:
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En el interior, una mujer de mediana edad y aspecto frágil estaba sentada en el borde de la cama, aferrándose a una almohada como si fuera su salvavidas. Sus labios se movían al ritmo de una suave nana, interrumpida de vez en cuando por un susurro: «Duerme bien, mi dulce niña. Qué niña tan buena…».
Casi todo su cabello se había vuelto plateado, salpicado solo por algunos mechones negros. Profundas arrugas surcaban su rostro, con los años grabados en cada pliegue.
Aun así, Verena aún podía vislumbrar el rastro de elegancia que una vez la había definido, la belleza que perduraba bajo la cruel mano del tiempo.
Lo que más llamó la atención de Verena fueron los ojos y las cejas de la mujer: se parecían tanto a los suyos que parecía como si hubieran sido moldeados a partir del mismo patrón.
Hi𝘴𝘁𝘰rі𝖺𝘴 𝗾𝗎𝗲 𝗇𝗼 𝗉𝗈𝗱𝘳á𝘴 𝗌𝗼l𝘵а𝗋 𝘦𝗇 𝗇о𝗏e𝗹а𝘀𝟰f𝘢𝗇.𝖼om
A su lado, un hombre de aspecto cansado estaba sentado pelando una manzana con esmerado cuidado.
Tenía los hombros encorvados por el peso de los años, el rostro surcado de arrugas y cansado, y en sus rasgos Verena vio de dónde había sacado Luis su parecido.
Verena se había prometido a sí misma que afrontaría este momento con serenidad, pero en el instante en que su mirada se posó en la pareja, su visión se nubló y se le llenaron los ojos de lágrimas.
Se llevó la mano a la boca, desesperada por contener el sollozo que amenazaba con escapar.
Luis le había advertido que su madre ya no estaba en sus cabales, pero nada la había preparado para aquella imagen.
A pesar de estar perdida en la confusión, su madre la había estado esperando, sin dejar de llamar a una hija a la que no había visto en más de dos décadas.
El dolor grabado en el rostro de Verena bastó para que a Isaac le doliera el pecho.
Le tomó la mano y le preguntó en voz baja: «Verena… ¿quiénes son esas personas que están ahí dentro?».
Con la respiración entrecortada, ella respondió: «Son mis padres biológicos».
Isaac se quedó paralizado, abriendo mucho los ojos como si no la hubiera oído bien. ¿Sus padres biológicos?
Las palabras le daban vueltas en la cabeza, dejando tras de sí solo incredulidad.
Al percibir la perplejidad en su expresión, Verena se recompuso y añadió: «Una prueba de ADN lo demostró. Alec y Laura no son mis padres biológicos. Esos dos sí lo son. Y Luis… es mi hermano».
La revelación golpeó a Isaac como un mazazo, y el asombro rompió su habitual calma.
Luis finalmente dio un paso al frente e intervino: «Hay mucho que desentrañar, y no es algo que podamos explicar en unas pocas frases. Pero lo que importa es la verdad, y acabamos de descubrirla nosotros mismos. Lo único que queremos ahora es que nuestra madre se recupere, para que quizá esta familia pueda volver a estar unida».
Verena asintió con la cabeza, volviendo la mirada hacia su madre en la habitación del hospital, con los ojos brillantes por las lágrimas contenidas.
«Me gustaría ver a mamá a solas», susurró.
Luis entreabrió los labios, incapaz de contener su pregunta. «¿No quieres ver a papá? Ha estado muy inquieto por la preocupación, anhelando este día».
Verena se quedó paralizada por un momento antes de responder: «Quiero ver cómo está mamá primero. Han pasado tantos años y ha acabado así. Yo…»
Sus palabras se apagaron, engullidas por la marea de emociones que se agolpaban en su interior.
Lo único que deseaba ahora era sentarse en silencio junto a su madre, tratando de desentrañar su dolor, de comprender su silencio y, tal vez, compartir siquiera una pizca de la carga que había soportado durante años.
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