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Capítulo 639:
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Durante mucho tiempo, él había sido su ancla, la única persona en la que podía apoyarse sin temor a que la dejaran de lado.
Cuando Isaac percibió el enrojecimiento de sus ojos y la confusión que ensombrecía su expresión, sintió un nudo en el pecho. No la presionó para que le diera respuestas. En lugar de eso, la envolvió suavemente entre sus brazos y le susurró: «Iré contigo. Pase lo que pase, no tendrás que afrontarlo sola».
A la mañana siguiente, el estridente timbre del teléfono rompió el silencio. Verena descolgó el aparato y se oyó la voz de Luis: «Verena, ya está todo listo. Ya podéis venir».
«Llegaremos enseguida», dijo ella, con voz firme aunque el corazón le latía a toda velocidad.
Colgó, respiró hondo y se volvió hacia Isaac. «Es la hora. Vamos».
Isaac respondió con un firme asentimiento. Juntos salieron de casa, se subieron al coche que les esperaba y se dirigieron al hospital.
Durante el trayecto, Verena miró fijamente por la ventanilla del asiento trasero, pero el paisaje que se desfilaba borroso ante sus ojos no contribuía en nada a calmarla.
Las palmas de las manos se le humedecieron al apretar los puños, mientras su mente reproducía una y otra vez el momento que imaginaba: el primer encuentro con la madre a la que nunca había conocido.
Isaac se percató de la tensión en sus hombros y le rozó la mano con la suya, en un discreto intento por calmar sus nervios.
Unos instantes después, el coche redujo la velocidad y se detuvo frente a la entrada del hospital.
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Verena salió la primera, levantando la cabeza para ver que Luis ya estaba esperando frente al edificio principal del hospital.
Se mantenía erguido y alerta, con la mirada fija en la entrada hasta que la vio. En cuanto la reconoció, caminó rápidamente hacia ellos.
—Ya estás aquí, Verena —dijo Luis. Su mirada se desvió brevemente hacia Isaac antes de volver a posarse en ella—. Intenta no darle demasiadas vueltas. Cuando entres, quédate con ella todo el tiempo que puedas.
Isaac se unió a ellos, sorprendido de encontrar a Luis esperando, y entrecerró ligeramente los ojos al oír cómo le hablaba. Hablaba con la naturalidad de alguien que la conocía bien. ¿Cuándo se había vuelto Verena tan íntima con Luis?
Aun así, los agudos instintos de Isaac le decían que no había nada romántico en su intercambio, solo el reconocimiento natural entre dos personas unidas por las circunstancias.
Decidiendo no entrometerse, permaneció junto a Verena en silencio.
Verena ladeó la cabeza hacia Luis, con voz tranquila pero firme. «Entremos».
Luis emitió un breve murmullo de asentimiento antes de guiarlos al interior del hospital.
Al fondo del pasillo, se detuvieron frente a una puerta marcada como «pacientes VIP». Luis levantó una mano y dijo en voz baja: «Esta es».
A Verena se le oprimió el pecho y se le cortó la respiración al sentir el peso del momento. Obligándose a respirar con calma, se acercó poco a poco a la puerta.
A través del pequeño panel de cristal, miró hacia dentro y su cuerpo se quedó rígido, como si sus pies se hubieran clavado en el suelo.
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