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Capítulo 628:
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Verena aceptó el informe y ojeó su contenido hasta que su mirada se fijó en una línea: «Existe parentesco sanguíneo». Su corazón comenzó a latir más rápido y se quedó clavada en el sitio, incapaz de moverse.
«Esto… esto no puede ser verdad», murmuró, con la incredulidad temblando en su voz.
Los recuerdos se agolpaban violentamente en su mente. Había crecido en una familia humilde: Alec y Laura se las apañaban como podían, eran gente corriente que luchaba por sobrevivir antes de hacer fortuna en la gran ciudad.
La familia Sampson, sin embargo, era un mundo completamente distinto. Sangre antigua. Dinero. Poder entrelazado con las sombras del submundo.
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Dos familias situadas en extremos opuestos de la sociedad: ¿cómo podía haber algún vínculo entre ellas?
A su lado, el rostro de Luis se iluminó con una alegría desenfrenada, y su voz denotaba triunfo. «¿Ya lo ves? No te mentía. Somos hermanos, Verena».
Pero ella permaneció en silencio, con la mirada perdida, sumida en sus propios pensamientos.
Por fin, su voz sonó baja e insegura. «¿Cuándo te enteraste? ¿Es por eso por lo que me has estado tratando de forma tan diferente, porque lo sabías?».
Luis bajó la mirada por un momento, aunque su respuesta fue firme. «No supe la verdad hasta hace poco. Esperé el momento adecuado para decírtelo».
Verena asintió levemente, bajando la mirada al suelo.
Así que, después de todo, no era hija de Alec y Laura. ¿Lo sabían ellos? ¿La habían criado todos estos años en la ignorancia… o con el peso de un secreto que nunca habían compartido?
La conmoción la dejó vacía, pero poco a poco, pieza a pieza, su compostura comenzó a recomponerse. La razón regresó, abriéndose paso a través de la tormenta.
Verena alzó la mirada hacia Luis, con los ojos claros pero nublados por una tormenta de emociones contradictorias.
«Nunca imaginé que tus palabras resultarían ser ciertas». Su tono denotaba una calma firme, pero bajo él temblaba una ondulación de inquietud. «Esta revelación… es abrumadora. No puedo aceptar este vínculo tan fácilmente como tú quieres que lo haga».
Respiró hondo, eligiendo con cuidado sus siguientes palabras. «Antes que nada, necesito hablar con Alec y Laura Willis. Durante todos estos años, han sido los únicos padres que he conocido».
Incluso ahora, el favoritismo que mostraban hacia Kaia y Luka seguía punzándola como púas clavadas profundamente bajo su piel.
Cada desaire, cada momento en el que la ignoraban, había sembrado semillas de amargura que crecieron sin control, formando un muro que nunca podría escalar.
Sin embargo, esta verdad lo cambiaba todo. Si Alec y Laura nunca habían sido de su sangre, entonces tal vez su frialdad tuviera una explicación.
Esa idea aliviaba el peso que sentía en el pecho, como si el resentimiento que se había aferrado a ella durante tanto tiempo se hubiera disuelto por fin en el aire.
Sus labios se curvaron levemente, dejando entrever una frágil sonrisa. «Gracias por decírmelo. Sin ti, podría haber vivido toda mi vida en la ignorancia».
Al verla ablandarse, Luis sintió un alivio en el pecho, aunque la tristeza destelló en sus ojos.
Agitó las manos rápidamente, y las palabras le salieron a borbotones. «No me des las gracias, Verena. No hace falta que seas tan formal conmigo: somos familia. Eres mi hermana. Lo único que quiero es que no me alejes de ti».
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