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Capítulo 201:
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Su reacción dejaba en claro lo desconcertado que estaba.
Verena, siempre hábil para leer entre líneas, entendió lo que él realmente preguntaba. Los celos habían sido siempre una de las marcas características de Isaac.
Eligiendo la picardía sobre la honestidad, decidió provocarlo, curiosa por ver qué emociones podría despertar.
Observó cómo su ceño se fruncía cada vez más, y reprimió una sonrisa mientras mantenía el juego.
Con un gesto desenfadado, respondió: «Así es.» Y añadió, casi de pasada: «Pero ninguno duró mucho. Solo fueron aventuras pasajeras.»
Isaac se quedó paralizado.
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Aventuras pasajeras. ¿Acaso eso significaba que aquellas relaciones anteriores nunca habían importado de verdad? ¿Y era él, a sus ojos, solo otro capítulo efímero?
El pensamiento lo dejó dividido. Por un lado, sentía alivio de que no hubiera habido sentimientos reales antes que él. Por el otro, se preguntaba si ella alguna vez se permitiría querer profundamente a alguien. Y con su condición, él no se parecía en nada a ninguno de sus ex.
Los ojos le ardieron. Volvió el rostro para que ella no lo viera.
Por un momento, ninguno de los dos habló. Verena lo observó, notando cómo se giraba, con el cabello cayéndole sobre los ojos y ocultando lo que fuera que sentía.
Conociendo lo posesivo que podía ser, podía adivinar que estaba haciendo pucheros.
Aun así, actuó como si nada fuera mal. Se mordió el labio y se recostó suavemente contra sus brazos. «¿Te molesta que haya salido con varias personas?»
Su voz sonó frágil, como si acabara de hacerse daño.
Una línea tensa se formó en la boca de Isaac mientras tragaba lo que quería decir.
Él era el que sufría, y sin embargo el leve dolor en la voz de ella fue suficiente para que su corazón se ablandara. Algo en eso solo lo atraía más hacia ella.
Isaac la envolvió con los brazos, sosteniéndola fuerte. Sus manos temblaban ligeramente, traicionando la tormenta que intentaba ocultar.
Se apresuró a tranquilizarla antes de que pudiera malinterpretar. «No, no es eso. Solo son celos. Estoy celoso porque me importas, nada más.»
Por primera vez desde que perdió la memoria, Verena lo escuchó poner en palabras sus sentimientos, celos incluidos. Su amor era más profundo de lo que ella jamás había imaginado.
El calor inundó su pecho y sus labios se curvaron en una sonrisa tierna. «Lo entiendo», susurró.
Tras un silencio tranquilo, Isaac apoyó su barbilla en el hombro de ella y, sin poder contenerse, preguntó en un murmullo terco: «¿Entonces ninguno de esos hombres llegó a importarte de verdad?»
La cautela en su voz hizo reír a Verena. «Solo te estaba tomando el pelo. No fueron tres ni cuatro relaciones para nada.»
La confesión tomó a Isaac por sorpresa. Se había preparado para lo peor, pero al dejarse llevar por sus palabras, la tensión en su rostro cedió y un alivio lo invadió.
Una alegría silenciosa se extendió por él, más profunda de lo esperado. No podía evitar sentirse complacido.
Fue entonces cuando a Isaac le quedó claro lo mucho que quería tener a Verena solo para él.
Pero la felicidad no duró.
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