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Capítulo 238:
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A Brea le pareció que el comportamiento de Wayne era un poco coqueto, y su cara se sonrojó de forma leve, pero, al rememorar sus palabras, lo fulminó con la mirada y dijo enfadada: «Hoy estuve muy vigilante. ¿No viste que me acompañaban muchos guardaespaldas? Es que el Señor Griffin es tan vicioso que casi fui su víctima».
No pudo evitar apretar los dientes al pensar en lo que había pasado hoy, y luego dijo con resentimiento: «Debe haber hecho muchas cosas como esa, y acosado a muchas mujeres de la misma forma. Cada vez que pienso en su aspecto obsceno, me dan ganas de matarlo».
«Siento lo mismo», dijo Wayne, y se quedó en silencio por un rato, pensando. Él le preguntó: «Si dejas ir al Señor Griffin hoy, ¿No tienes miedo de que te cause problemas en el futuro?».
Ella soltó la risa: «¡Ja, ja, ja! Él no se atreverá a hacerme nada después de lo que le dijiste. Cree que soy tu prometida, así que debe tener miedo de tocarme ahora.
Además, hay cámaras de vigilancia allí, ¿No? Pediré una copia del video más tarde.
Si se atreve a molestarme de nuevo, lo divulgaré por las redes».
Wayne continuó masajeando su tobillo y dijo, con cierta preocupación: «Bueno, no eres mi prometida… le mentí al Señor Griffin, y tarde o temprano nuestro secreto saldrá a la luz. ¿Y si se vuelve loco e insiste en acosarte a pesar de todo?».
Brea no pudo evitar preocuparse.
“¿Qué deberíamos hacer entonces?».
Estaba tan preocupada, que no se dio cuenta de que había caído en la trampa de Wayne.
Él alzó las cejas y dijo, medio en broma: «¿Y si hacemos los rumores realidad?
Conviértete en mi prometida para que él no se atreva a causarte problemas de nuevo».
Ella no sabía si lo que decía iba en serio o no, solo sintió que los latidos de su corazón de repente se aceleraron.
Las palpitaciones le nublaron el pensamiento, y pareció no entender el verdadero significado de sus palabras; pero, antes de que pudiera darse cuenta, su cuerpo se reblandeció, y la timidez se la comió.
Brea se sorprendió de sus propios sentimientos, y enseguida le puso los ojos en blanco y exclamó: «¡Sigue soñando! ¡Jamás seré tu prometida!».
Aunque se negó, sus orejas enrojecieron mientras hablaba, pero el otro no lo notó, porque él solo bromeaba.
“Solo lo dije por decir. ¿De verdad crees que quiero casarme con una mujer tan feroz como tú? ¿De qué sirve casarse contigo? ¿Alejarás los espíritus malignos por mí? Además, mi padre no estaría de acuerdo».
Brea volvió a su compostura al oír eso, y pensó que había enloquecido al sentirse atraída por ese hombre.
Apretó los dientes y lo increpó: «¡Tengo muchas ganas de golpearte en la boca para que te calles!».
Sin embargo, Wayne siguió sonriendo descaradamente.
“Te salvé dos veces, pégame si puedes».
Brea levantó la mano, pero la bajó de nuevo con rabia, y guardó silencio por un rato, reflexionando. Entonces, dijo: «Olvídalo. Te perdonaré porque me salvaste la vida hoy».
«No esperaba que una mujer con la boca afilada como tú pudiera ser compasiva».
Tras decir eso, bajó la cabeza y continuó masajeando su tobillo con atención.
«Prepárate, voy a hacerlo con más fuerza».
«¿Acaso me estás subestimando? ¿Crees que tengo miedo de un dolorcito?». A ella de verdad no le importaba, pero gritó de golpe: «¡Aaah! ¡¿Es que no sabes lo que haces?! ¡Me duele!».
Mientras la presionaba, Wayne continuó masajeando su tobillo con la pomada.
“No te preocupes, soy un profesional. Después de masajear tu tobillo con esta pomada, estoy seguro de que para mañana estarás recuperada».
Era tan doloroso, que Brea seguía forcejeando, y tuvo el impulso de apartarlo de una patada; pero, al ver cómo le masajeaba el tobillo con cuidado, no pudo decir nada.
Se mordió en silencio el labio inferior para relajar su cuerpo.
De repente, recordó algo y gritó: «¡No! ¡No podemos dejar que el Señor Griffin se vaya tan así como así!».
Estaba tan cerca del muchacho, que su grito lo sobresaltó. Su mano tembló, y preguntó con impotencia: «Brea, ¿Por qué gritas?».
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