✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 224:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Celia se sentía llena de expectativas antes de que ella y Tyson se durmieran abrazados. Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, Brea acababa de comenzar su noche.
Después de haber aceptado la invitación del Señor Griffin, había llamado a su estilista y a su maquillador para que la ayudaran a prepararse, y cuando estuvo listo y abrió la puerta, vio a Foley parado afuera, quien de inmediato se le acercó mirándola de arriba abajo con una sonrisa.
«¡Vaya, Brea, te ves muy hermosa! Pareces un ángel caído del cielo».
Dado que la chica estaba acostumbrada a sus halagos, solo le volteó los ojos como de costumbre, y dijo: «Deja de decir tonterías. Anda, apúrate, tenemos que irnos».
«Oye, ¿Cuál es la prisa? Cálmate, tómate tu tiempo. Una belleza como tú merece que la esperen», respondió Foley en tono de broma.
Riéndose, Brea soltó: «Basta, Foley, no me molestes más, jaja. Solo quiero salir de esto lo antes posible. Tengo grabación mañana temprano, así que necesito dormir un poco. Si no estoy en la óptima condición, mis detractores podrían aprovechar la oportunidad para calumniarme».
Con esto, Foley la llevó a un área privada del hotel para que se reuniera con el Señor Griffin, el gerente de The One Jewelry.
Al llegar, Brea vio a un hombre gordo y calvo sentado en una gran mesa redonda. Era un tipo de unos cincuenta años cuya apariencia no tenía nada especial. Aun así, su atuendo era bastante costoso, sobre todo los accesorios que llevaba. Ese tenía que ser el famoso Señor Griffin.
Junto a él estaban sentados dos hombres que Brea pensó que podrían ser sus asistentes. En realidad no se diferenciaban mucho de él, salvo que eran más jóvenes, más delgados y no tan bien vestidos. De cualquier manera, los tres hombres tenían la misma mirada obscena que había provocado que la mujer se sintiera bastante incómoda.
Además de ellos, también estaban presentes varias chicas no identificadas. Todas muy bellas, pero comunes. Era evidente que sus rostros habían sido sometidos a mucha cirugía plástica.
«Señor Griffin, lamento haberlo hecho esperar», dijo Foley con una sonrisa. Luego, empujó a Brea al frente, y agregó: «Quería traer a Brea antes, pero ella insistió en llamar a su estilista y su maquillador para que la ayudaran a verse bien para usted.
Por eso llegamos unos minutos tarde».
Al escucharlo, Brea no pudo evitar quejarse para sus adentros.
¡Era ella la que tenía prisa! ¡El propio Foley la detuvo porque quería hacer que el Señor Griffin los esperara un rato! Sin embargo, dijo que ella había sido la razón de su tardanza.
No obstante, eso hizo que se ganara la simpatía de los tres hombres.
«Me han dicho que Brea es muy meticulosa con su trabajo y que nunca descuida a los clientes. Resulta que es cierto», dijo el Señor Griffin con una expresión extraña.
Enseguida, uno de los asistentes agregó: «Hoy en día no hay muchas estrellas tan sinceras como la Señorita Duffy. Hubo chicas que trabajaron con el Señor Griffin que no eran muy famosas pero tenían exceso de confianza. Entonces, cuando las invitábamos a cenar, se aparecían con ropa informal. Una total decepción».
«Sí, así es. Bueno, hay que tomar en cuenta que la Señorita Duffy proviene de una familia acomodada. Cualquier pobretona no puede compararse con ella».
Escuchando ese intercambio, Brea se dio cuenta de que lo que acababa de decir Foley había jugado a su favor.
No había dudas de que era un agente muy capaz. El único problema era que no podía hacerla famosa.
«Me halagan, pero no me considero especial. Creo que estas son solo las cualidades básicas de una actriz», respondió Brea con una sonrisa.
En ese instante, Foley la instó a que le diera la mano al Señor Griffin.
“Mi nombre es Brea Duffy, Señor Griffin. Encantada de conocerlo».
«Señorita Duffy, la he visto en la televisión, y ahora que la tengo en frente, puedo asegurar que es más hermosa en persona», contestó el anciano con una expresión de sorpresa, sosteniendo la mano de la joven durante más tiempo de lo normal.
Frunciendo el ceño sin que nadie lo notara, Brea estaba a punto de sacudirse el agarre del hombre cuando el Señor Griffin le pidió que se sentara.
Por supuesto, Foley se apresuró a sacar una silla para ella.
“Señorita Duffy, ¿Qué quiere comer? Pida lo que quiera», ofreció el Señor Griffin.
«Oh, lo que usted prefiera, Señor Griffin. Yo no soy exigente con la comida», respondió ella con calma.
«Bien». Acto seguido, el hombre llamó al mesero para decir: «Sirva sus mejores platos y el vino más caro. Yo invito».
La verdad era que Brea había conocido a gente más rica que él, aunque el Señor Griffin era el más vulgar de todos.
Pasados tan solo un par de minutos, Brea sentía que no podía soportarlo más. Y como no sabía qué pretendía hacer el Señor Griffin, tenía la urgencia de levantarse e irse. Claro, cuando pensó en el anuncio de The One Jewelry, contuvo su desagrado y siguió sonriendo.
La comida llegó pronto, y apenas los camareros se fueron, las chicas que acompañaban al trío de hombres se quitaron los abrigos.
En ese momento Brea descubrió que todas estaban usando ropa interior se&y.
Las mujeres deambulaban alrededor del Señor Griffin, frotándole sus pechos en la cara y sus partes íntimas en las rodillas, emitiendo gemidos seductores.
El anciano parecía estar muy satisfecho con lo que estaba ocurriendo, e incluso les apretaba los senos y el trasero a las hermosas mujeres de vez en cuando. Allí, les preguntó a Foley y a sus dos asistentes: «¿Quieren probar algo de esto?».
Por su parte, los otros tres sacudieron la cabeza al mismo tiempo, y uno de ellos dijo con una sonrisa: «No, gracias, Señor Griffin. No nos atreveríamos a tocar a sus mujeres».
En cuanto a Brea, la pobre no podía aguantar más la situación. El tema era que como no podía quejarse, solo le quedaba ponerse a jugar con su teléfono.
En secreto, Foley le envió un mensaje que decía: «No te preocupes. Me traje a algunos guardaespaldas que están justo detrás de la puerta. Si algo sucede, irrumpirán de inmediato». Brea le lanzó una mirada furtiva al leer eso, pero no respondió.
De todas maneras, a pesar de que no tenía que preocuparse por su seguridad, no dejaba de sentirse muy incómoda, sobre todo porque el Señor Griffin no paraba de mirarla con lujuria. ¡Era tan obsceno que quería sacarle los ojos!
Finalmente, no pudo evitar preguntar: «Señor Griffin, ¿Por qué me invitó a cenar esta noche? ¿De qué quiere hablar?».
.
.
.