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Capítulo 259:
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Con Declan y Madison por fin fuera, el ánimo de Dayna mejoró al instante. Los ojos de Kristopher brillaron con diversión al ver las migas que quedaban en la comisura de sus labios. Levantando la mano, se tocó la comisura de la boca en una señal discreta.
—¿Tenías tanta hambre? —preguntó con una suave risita—. Te has zampado un buen puñado de pasteles. Tenía pensado llevarte a cenar después de la subasta.
Una leve tos escapó de los labios de Dayna mientras explicaba: «No tenía mucha hambre. Es que esos pasteles estaban sorprendentemente deliciosos, así que no pude evitar darme un pequeño capricho».
«De acuerdo. La subasta está a punto de comenzar. Deberíamos volver a nuestros asientos». La mirada de Kristopher se desvió hacia el centro del escenario, donde el evento principal de la noche estaba a punto de comenzar.
«De acuerdo», asintió Dayna con la cabeza.
Cada detalle de la subasta había sido cuidadosamente orquestado, con una distribución de los asientos que reflejaba el estatus y la influencia de cada invitado. Las etiquetas con los nombres adornaban el respaldo de cada silla, marcando cada asiento reservado.
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El codiciado puesto en el centro de la tercera fila, que ofrecía una vista perfecta del escenario, mostraba, como era de esperar, el nombre de Kristopher. Dayna se acomodó en el asiento a su izquierda.
En cuestión de minutos, los invitados comenzaron a ocupar sus lugares asignados. Al girar la cabeza, Dayna se fijó en una silla vacía a solo un pasillo de distancia de la suya. Una etiqueta con el nombre colgaba de su respaldo, prueba de que se había enviado una invitación, pero el invitado seguía ausente.
Ese asiento era tan destacado como el de Kristopher. ¿Podría esa persona tener un estatus que rivalizara con el de Kristopher?
Ya había visto el nombre de Declan en un asiento en el extremo izquierdo de la tercera fila, así que esa vacante pertenecía claramente a otra persona.
Dejando de lado ese pensamiento, centró su atención en el escenario, donde estaba comenzando la subasta.
Esta noche La subasta benéfica de esta noche presentaba tesoros únicos procedentes de colecciones privadas exclusivas de los invitados presentes. Todas las donaciones se habían realizado de forma anónima, y los ingresos se destinarían a causas benéficas. Esta reunión filantrópica anual atraía a multitudes impresionantes, en gran parte debido a su poderoso impacto en el fomento de la reputación caritativa.
La subasta comenzó oficialmente cuando el subastador subió al escenario y pronunció un entusiasta discurso de apertura. «Gracias a todos por honrar la subasta benéfica de hoy con…»
«Su presencia. Esta noche, nos unimos en nuestra misión de tender una mano a quienes lo necesitan. En nombre de todos los beneficiarios, quiero expresar mi más profunda gratitud a cada uno de los aquí presentes. La subasta comenzará en unos instantes. Simplemente levanten la paleta con su número asignado cuando deseen pujar».
Con eso, el subastador pasó con fluidez al evento principal.
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