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Capítulo 196:
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Dayna se despertó de repente de su sueño, respirando entrecortadamente, con jadeos rápidos y desiguales.
Se cubrió la cara con las manos, atónita e incapaz de creer lo que acababa de pasar.
¿Qué demonios estaba pasando? ¿Cómo podía tener un sueño tan extraño y confuso?
En ese sueño, el hombre con el que se suponía que se iba a casar no era quien ella pensaba: era Kristopher en su lugar.
¿Por qué demonios se le habría ocurrido eso a su mente?
Se incorporó rápidamente y algo se deslizó de su cuerpo, cayendo al suelo con un suave golpe sordo.
Dayna giró la cabeza para ver qué era, con una expresión aún más confusa en el rostro.
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Era una foto de su familia.
«¿Cómo ha llegado esta foto aquí?», preguntó en voz alta.
Dayna frunció el ceño, incapaz de sacarse de la cabeza la perplejidad que nublaba su mente.
La noche anterior no era más que una niebla, como si un trozo de su memoria se hubiera borrado por completo. Se devanó los sesos, pero no le vino a la mente ni un solo detalle.
Aun así, ¿por qué estaba esa foto allí tirada? La única persona que podría arrojar algo de luz era Kristopher.
Tras una breve pausa, Dayna cogió la foto y se dispuso a buscarlo.
Aunque era temprano por la mañana, Kristopher ya estaba en plena reunión.
Llevaba una impecable camisa blanca, un auricular Bluetooth perfectamente ajustado en la oreja, y hablaba rápidamente en un fluido idioma extranjero.
En el trabajo, Kristopher se ponía en modo serio: tranquilo, agudo como una navaja. Con la mirada fija en la pantalla, su marcada mandíbula parecía sacada de la portada de una revista. Cada ángulo era definido, elegante e innegablemente atractivo.
La puerta del despacho estaba entreabierta.
Dayna se quedó en el umbral, lo suficientemente inteligente como para no molestarle. Se mantuvo en silencio y esperó.
Kristopher no la vio hasta que finalmente se quitó el auricular. «¿Por qué no has entrado?», preguntó.
Dayna entró en la habitación, sujetando con fuerza el marco de fotos. Su rostro mostraba un torbellino de sentimientos. «No quería distraerte».
«No te preocupes. La próxima vez, ven a buscarme si me necesitas», dijo Kristopher. Su voz se mantuvo firme y relajada.
Dayna dejó la foto de familia sobre su escritorio, deteniéndose un momento. «¿Qué pasa con esto? ¿Por qué ha aparecido aquí de repente?».
Kristopher miró primero la foto y luego el rostro desconcertado de Dayna. «¿De verdad no recuerdas nada de anoche?».
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