✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 195:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
El amor seguía vivo en medio del dolor. La conexión permanecía, entrelazada e inquebrantable pasara lo que pasara. La sangre no necesitaba permiso para unir. Era el amor más complejo: fundido con la traición, envuelto en recuerdos, diluido por el anhelo.
Ver cómo el matrimonio de sus padres se derrumbaba le había enseñado a Dayna algo demasiado pronto: el amor no era solo un sentimiento. Era una prueba. Era esfuerzo. Era presencia. Solo era real cuando alguien lo demostraba.
Kristopher se agachó y la levantó suavemente en sus brazos.
Esta vez, sus movimientos eran más lentos. Más suaves. Como si estuviera sosteniendo algo demasiado frágil como para confiarlo al mundo.
Afortunadamente, no la despertó.
La llevó de vuelta a Bloomstead bajo un cielo que empezaba a oscurecerse, con su peso suave contra él.
Dayna se sumergió más profundamente en su sueño aparentemente interminable.
Y en este sueño, flotaba: una observadora invisible que veía cómo se desarrollaba su infancia desde arriba, como si perteneciera a otra persona.
Pero este sueño era diferente de los otros que había tenido antes.
𝘓𝖾𝖾 𝗅а𝘀 ú𝗅ti𝘮𝗮s t𝘦𝘯𝗱𝖾𝗻𝗰іas 𝖾𝗻 ոo𝘷e𝗹𝗮𝘀𝟦𝗳𝖺n.𝘤o𝗺
Esta vez, no terminaba con el dolor.
Esta vez, no había ninguna aventura. Ni ruina.
Su madre estaba viva, sentada en su estudio, con el pincel en la mano, absorta en los colores de un lienzo.
Su padre trabajaba en silencio en su estudio.
Y Dayna —de siete años— daba vueltas por el pasillo, con una corona de cristal posada en la cabeza, desbordando alegría en burbujas de risa.
Toda la casa vibraba de calidez. Estaba intacta. Era su hogar.
El tiempo avanzó.
Se vio a sí misma crecer, vio desaparecer el miedo y la soledad que una vez se habían aferrado a ella.
Sus padres nunca dejaron de amarse el uno al otro ni a ella. Nunca se marcharon.
Luego llegó el día de su boda.
Se encontraba de pie con un vestido resplandeciente, impresionante y ornamentado, cuyos adornos de cristal reflejaban la luz como estrellas. No era el vestido sencillo que había llevado cuando se casó con Declan; este brillaba con los sueños cumplidos.
Su madre estaba a su lado, radiante y ahora más mayor. El tiempo solo había añadido elegancia a su belleza, coronando sus rasgos con líneas elegantes que suavizaban su sonrisa.
—Dayna —dijo, con una voz cálida como la luz del sol—, sé feliz. Pase lo que pase, tu padre y yo somos tu refugio. Siempre estaremos aquí, esperando a que vuelvas a casa.
Dayna miró a su madre, con los ojos muy abiertos y el corazón encogido.
Nunca la había visto así antes: ni envejecida, ni asentada. Ni real.
Y, sin embargo, allí estaba. Impresionante. Eterna.
Seguía siendo perfecta.
Las lágrimas le quemaban la garganta a Dayna mientras extendía la mano. «Mamá… te echo de menos. Por favor, vuelve a mis sueños otra vez».
Pero el sueño siguió adelante sin ella.
La Dayna del sueño asintió, con una sonrisa que temblaba de alegría, y se giró para caminar por el pasillo. El novio la esperaba al final.
Caminó despacio, cada paso ligero, cada respiración plena.
Pero cuando alzó la vista hacia el novio, una sacudida le atravesó el pecho.
No era Declan.
Era Kristopher.
.
.
.