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Capítulo 107:
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Un empujón seco hizo que el sobre de manila se deslizara por la mesa desde la mano de Dayna. La energía nerviosa llenaba los movimientos de Rhett mientras lo aceptaba. Una mirada al interior, y la conmoción lo dejó paralizado. «¿Qué… qué es esto?»
Las palabras apenas salieron de su boca, con la incredulidad pesando en su voz. La tensión amenazaba con partirlo en dos, como si un empujón más fuera a destrozar la compostura que le quedaba.
El dolor se abrió paso en la voz de Dayna, cruda y acusadora. «Es la última cosa que dejó mi madre. No solo murió, la asesinaron. No juguemos con las palabras. Tú no solo ayudaste. Tú lo hiciste. ¡Tú la mataste!».
La línea que separaba a un cómplice de un asesino no podía ser más ancha. La culpa siempre había sido una bestia de dos cabezas en la tragedia de su madre. Un asesino estaba sentado justo ahí, mientras que el otro seguía acechando en las sombras, de nombre desconocido.
Con la vista nublada por las lágrimas, Rhett no se atrevió a pasar otra página. Destrozado, sollozó en la silenciosa habitación, con un llanto áspero y entrecortado, que sonaba como un instrumento dañado en su última nota. «Dorothy… Lo siento tanto. Todo esto es culpa mía. No tenía ni idea. Nunca me di cuenta de lo mucho que sufrías. Es culpa mía. ¡Todo!».
Conteniendo sus propias lágrimas, Dayna logró mantener la voz firme. «Si nunca tuviste intención de entregarle todo tu corazón, ¿por qué le hiciste esas promesas? ¿Por qué le llenaste la cabeza de esperanzas que nunca cumplirías? Te lanzaste al matrimonio sin pensarlo y luego la dejaste ahogarse en las secuelas. «
Rhett se cubrió el rostro con las manos. Sus hombros temblaban mientras lloraba sin control. No le salían palabras mientras se encogía, incapaz de soportar el peso del arrepentimiento.
Dayna ya sabía la verdad. El amor de Rhett había sido auténtico en su momento, y también lo había sido su pérdida. Por eso el dolor era tan profundo: la traición nunca miente. «Para siempre» siempre había sido una fantasía reconfortante, nada más.
Una respiración profunda calmó los nervios de Dayna mientras seguía adelante. «Quienquiera que haya orquestado esto fue despiadado. ¿Es posible que tú y mamá os hayáis ganado enemigos en los negocios? Quiero una lista completa. Todos y cada uno de los sospechosos».
Parecía la única explicación, aunque incluso eso parecía casi demasiado perfecto. ¿Qué clase de furia perseguiría a una mujer hasta un hospital psiquiátrico solo para rematarla?
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Solo el silencio llenaba la habitación mientras Rhett luchaba por recuperar el control. Al fin, susurró: «Pásame algo para escribir. Puedo recordar algunos nombres de aquella época».
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