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Capítulo 493:
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«¡Nunca lo habría hecho!», gritó Chelsea, con la voz quebrada. «Fuiste tú… tu codicia lo arruinó todo. Mataste a mi padre».
A Sofía se le llenaron los ojos de lágrimas, que le resbalaron por las mejillas. En su expresión se vislumbró un atisbo de arrepentimiento. Si hubiera sabido que Brook les dejaría tanto a ella y a Chelsea, nunca habría llegado tan lejos. Pero ya no había vuelta atrás.
«Chelsea, escúchame», dijo, sentándose a su lado y rodeándola con los brazos. «Todo eso ya ha pasado. No sirve de nada llorar por lo que ya no tiene remedio. Tu padre murió de una enfermedad. No tuvo nada que ver con nosotras».
Su tono se suavizó, casi suplicante.
«Mañana asumirás la presidencia del grupo. Deberías estar contenta. Esto es todo lo que siempre he querido para ti, todo por lo que he trabajado durante años. Por fin está sucediendo».
Pero Chelsea solo negó con la cabeza, sollozando sin control.
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Desde que se enteró de que su padre les había dejado a ella y a su madre la mayor parte de su fortuna, no había podido cerrar los ojos sin ver su rostro bondadoso transformado en un espectro que la asfixiaba desde el más allá.
«Papá siempre fue tan bueno conmigo… ¿por qué tuviste que matarlo, mamá?».
Había sido una pesadilla que había hecho que Chelsea se despertara empapada en sudor frío. El despertador digital de su mesita de noche parpadeaba con la hora y la fecha. Se quedó mirándolo, aturdida, durante unos segundos antes de que la realidad la golpeara con una sacudida nauseabunda: hoy era el día de su sucesión. Ese mismo día también estaba prevista la rueda de prensa para la salida a bolsa de la empresa, junto con la votación de la junta directiva para confirmar al nuevo director ejecutivo.
«Chelsea, ¿ya te has levantado? ¡Date prisa!», resonó la voz de su madre desde el pasillo, con una alegría que ni siquiera intentaba ocultar.
Ese entusiasmo maternal le revolvió el estómago a Chelsea al instante; sintió que, de verdad, iba a vomitar.
«Un momento…», respondió apáticamente, arrastrando los pies hacia el baño para asearse.
En Jones Group le esperaba una montaña de responsabilidades: asuntos que, hasta hacía poco, habían sido todos de su padre. Apenas habían pasado unos días desde que había heredado la presidencia y ya se sentía al borde del colapso.
Solo pensar en la votación de la junta directiva la llenaba de aún más pavor. Ese puesto se le había reservado por voluntad del propio Brook, pero con la intromisión de Sofía entretejida en todo, Chelsea no podía quitarse de la cabeza la sensación de que había robado un trono que nunca estuvo destinado a ser suyo. El peso de ello la estaba devorando viva.
Por fin había dejado de llover. A primera hora de aquella mañana, Olivia se reunió con el señor Lionel, un abogado y viejo amigo de su padre, en una tranquila cafetería del centro.
El señor Lionel, un hombre de presencia serena y con una larga trayectoria en el mundo jurídico de Nankín, era una de las pocas personas en las que Olivia confiaba de verdad. Tenía pensado preguntarle sobre el asunto de Lucas, pero antes incluso de que pudiera abrir la boca, él le entregó un sobre con expresión grave.
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