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Capítulo 389:
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El hombre la observó durante un instante y luego asintió con la cabeza.
«Trato hecho».
Su asistente se había dirigido a él como «señor Mons», así que Olivia adoptó la misma forma de tratamiento. Gracias a él, pudieron volver a entrar en la casa sin ningún problema. Esta vez, la mujer que la había echado antes no estaba por ninguna parte y todo fue mucho más fluido.
Olivia examinó el armario con detalle y, una vez que se aseguró de que era lo que necesitaba, le lanzó al señor Mons una mirada elocuente.
El señor Mons captó lo que quería decir y se volvió hacia la familia Bevis.
«Nos lo quedamos al precio que piden».
Carlos, el hermano mayor de Arnold, que se había encargado de la venta, sonrió, satisfecho.
«Muchísimas gracias…»
El asistente de Mons dio un paso al frente y le estrechó la mano a Carlos.
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«El dinero se transferirá a su cuenta en menos de media hora. Después de eso, enviaremos a alguien a recoger el armario. Aún nos queda algo de tiempo; ¿les importa si echamos un vistazo a ver si hay algún otro mueble?».
«Por supuesto, en absoluto», respondió Carlos, cada vez más entusiasmado.
El señor Mons había demostrado ser extraordinariamente generoso. Mucha gente había venido a ver esa pieza, pero ninguno había podido igualar lo que él había ofrecido. Carlos ahora esperaba venderles aún más.
Olivia siguió a Mons y a su asistente, fingiendo echar un vistazo a los muebles. Tras atravesar la parte delantera del patio, se dirigieron a la parte trasera. Carlos los acompañaba, explicándoles todo a medida que avanzaban.
« «Mi hermano pequeño vive aquí. Sus muebles son todos nuevos, nada especial».
Olivia sonrió, con un toque de ironía en la voz.
«¿O tal vez está escondiendo algún tesoro y le preocupa que el señor Mons lo encuentre?».
«¡Por supuesto que no!», exclamó Carlos agitando las manos con nerviosismo. «Te estoy diciendo la verdad. Si no me crees, adelante, echa un vistazo. Es solo que no quiero hacerte perder el tiempo».
El asistente, que caminaba junto a Olivia, murmuró entre dientes.
«De verdad se cree que es una especie de secretaria…»
Pero cuando levantó la vista, se encontró con la mirada gélida de su jefe.
«Si te resulta tan molesta, la próxima vez traeré a Devis en su lugar».
El asistente palideció y balbuceó: «No es eso lo que quería decir…»
«Pues deja de decir tonterías».
Justo en ese momento, un aroma intenso inundó el aire. Olivia lo percibió de inmediato, y Carlos se apresuró a dar una explicación.
«Mi hermano pequeño es pastelero. Ahora está jubilado, pero sigue horneando. Por eso huele tanto. Vamos a otro sitio…»
«¿Pasteles?», fingió sorpresa Olivia. «¿Habría alguno listo? El señor Mons aún no ha comido. Si es posible, podríamos llevarnos algunos para el camino».
Carlos sonrió, deseoso de complacerla.
«No hace falta que compres nada, coge lo que quieras. Señor Mons, ¿le apetece un pastelito?».
Mons no respondió de inmediato. Miró a Olivia, como si le preguntara en silencio qué hacer. Ella le hizo un discreto guiño, instándole a seguirle el juego.
El asistente abrió la boca para objetar, pero una voz clara le interrumpió.
«Muéstranos el camino».
Se quedó allí, atónito. ¿Acaso su jefe estaba realmente recibiendo órdenes de aquella mujer?
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