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Capítulo 369:
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Edward se acercó, con la sorpresa reflejada claramente en sus ojos.
«¿Qué haces aquí?».
Olivia respiró hondo y, sin responder, se lanzó a sus brazos. No hubo palabras, pero el gesto lo decía todo. Levantó la cabeza y lo besó directamente en los labios.
Sin embargo, su momento de iniciativa no duró mucho: Edward tomó el control casi de inmediato, presionándola suavemente contra la pared. Pasó la tarjeta de acceso, abrió la puerta de la suite y entraron a trompicones, apresurados.
En el interior, unos jadeos ahogados y el susurro de la ropa llenaban la espaciosa habitación. Las prendas se extendían desde la entrada hasta el sofá.
Cuando todo hubo terminado, la luna brillaba alta en el cielo. Olivia, aún sonrojada, se recostó contra su brazo.
—Esta tarde fui a ver a mi padre —suspiró—. Está en una residencia. Parece que la empresa ha pasado a manos de mi hermana y mi madrastra. Apenas lo visitan. Me dijo que echa de menos a mi madre.
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«¿Por eso has venido a verme?», preguntó Edward acariciándole el pelo y acomodándola cómodamente en sus brazos. Su voz grave llenó la habitación.
Olivia no respondió a esa pregunta. En su lugar, continuó.
«No recuerdo a mi madre, pero mi abuelo y mi tío siempre decían que era una mujer orgullosa, de carácter fuerte. Se lo guardaba todo para sí misma y rara vez mostraba sus sentimientos.
Mi padre y ella ya tenían problemas antes incluso de que Sofía entrara en escena… apenas se hablaban».
Miró con cautela a Edward, que permanecía serio, con los ojos entrecerrados y la mandíbula apretada con ese aire tenso y magnético que le caracterizaba. Tragó saliva, sin saber si él había captado el trasfondo de sus palabras.
«Mi padre le tenía mucho cariño a Addison antes de morir. Yo tenía trece años por aquel entonces, y ella apenas diez. Los adultos bromeaban con la idea de concertar un matrimonio entre nosotros, pero nadie se lo tomaba en serio. Más tarde, mi abuelo lo consideró el último deseo de mi padre, y yo nunca tuve voz ni voto en el asunto».
Edward bajó la mirada hacia ella, con un destello de ironía en los ojos.
«¿Había algo más que quisieras preguntarme?».
La insinuación era clara: nada de aquello había sido decisión suya, sino de sus padres, tomada cuando él y Addison aún eran niños.
Olivia apretó los labios, decidida a provocarlo un poco.
«Venga ya. Con tu carácter, incluso a los diez años, nadie habría podido obligarte a hacer nada que no quisieras. Di lo que quieras, pero la verdad es que en realidad te gustaba tu amiga de la infancia».
«¿Quieres oír la verdad?»
Su intensa mirada la dejó sin aliento. ¿De verdad había sentido algo así por ella?
«No es lo que estás pensando». Edward le dio un ligero golpecito en la cabeza, con aire de impotencia.
Ella resopló, llevándose una mano a la frente en fingida indignación.
«Di lo que quieras. ¿Por qué me pegas?».
La expresión severa de Edward se suavizó. Se quedó en silencio unos segundos, como si buscara las palabras adecuadas.
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