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Capítulo 959:
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«Ethan, ¿cómo es que el envenenamiento se ha agravado de repente tanto?». Se sentó a mi lado y extendió la mano hacia mi brazo. Me aparté sutilmente antes de que su mano pudiera tocarme.
No pareció ofenderse. En cambio, metió la mano en su bolso y sacó un frasco pequeño. «He preparado una nueva fórmula. Toma esto. Debería ayudarte a aliviar los síntomas».
Fijé la mirada en el frasco, pero no hice ningún intento por cogerlo.
Eché un vistazo a Noah. Él entendió inmediatamente lo que quería. Dio un paso al frente, cogió el frasco de Melisa y habló con cortesía contenida. «Señora Davis, los médicos tienen que examinar la medicación antes de que Alpha tome nada. Teniendo en cuenta su estado actual, no podemos correr riesgos innecesarios».
Melisa se quedó en silencio. Una fugaz decepción apareció en sus ojos, aunque la ocultó rápidamente. No protestó mientras Noah se llevaba el frasco fuera de la habitación y cerraba la puerta en silencio tras de sí.
Una vez que nos quedamos solos, volvió a mirarme. Había un atisbo de dolor en su voz. «Ethan, sigues sin confiar en mí».
No me molesté en fingir lo contrario. Recurriendo a todo lo que había sucedido entre nosotros, respondí con voz débil pero clara: «Tienes talento para el veneno. Es natural que sea cauteloso contigo. No es nada personal. Es instinto de supervivencia».
Hizo una pausa. Luego, para mi sorpresa, sonrió con dulzura. «No pasa nada. Lo entiendo. Cuando estemos vinculados y hayas tenido más tiempo para conocerme, comprenderás lo que realmente siento por ti. Te darás cuenta de que, para mí, eres diferente a todos los demás».
Punto de vista de Ethan:
𝖳𝗎 𝖽𝗈𝗌𝗂𝗌 𝖽𝗂𝖺𝗋𝗂𝖺 𝖽𝖾 𝗇𝗈𝗏𝖾𝗅𝖺𝗌 𝖾𝗇 𝗇𝗈𝗏𝖾𝗅𝖺𝗌𝟦𝖿𝖺𝗇.𝖼𝗈𝗆
Me quedé en silencio, sin darle ninguna respuesta a Melisa.
Mantuve la apariencia de agotamiento total, tosiendo de vez en cuando con debilidad, con el ceño fruncido como si incluso hablar requiriera más energía de la que podía permitirme. La actuación fue lo suficientemente convincente como para que Melisa no detectara nada extraño. Tras quedarse sentada conmigo un rato, volvió a hablar, con un tono de cautelosa indagación que se colaba en su voz. «Ethan, he oído que Lianne te pidió hace poco algunos de tus bienes. ¿Una propiedad en el centro?».
Fruncí el ceño mientras dejaba deliberadamente que la irritación se notara en mi voz. «¿Ha acudido a ti?»
«No». Negó con la cabeza, con expresión comprensiva. «Solo me he enterado por ahí. ¿Cómo se atreve siquiera a preguntarlo? Vosotros dos ya habéis roto, y aun así se niega a dejarte en paz».
Suspiré, fingiendo exasperación. «No hablemos de ella».
Un destello de satisfacción cruzó sus ojos, aunque rápidamente lo disimuló tras una expresión amable y preocupada. «Ethan, si te está molestando, yo puedo encargarme de ella por ti. Puedo pagarle para que se largue y no vuelva nunca más a la Manada Thorn. Así dejará de acosarte y tú tendrás la paz que tanto necesitas».
Me di cuenta enseguida de su jueguecito.
Esto no tenía nada que ver con ayudarme. Quería que Lianne se fuera para siempre, eliminando cualquier posibilidad de que los dos pudiéramos reconciliarnos.
Aun así, le seguí el juego, dejando que mi voz transmitiera un tono cansado de irritación. «Ve a hablar con ella si quieres. Ya no tengo fuerzas para lidiar con ella».
Sus ojos se iluminaron al instante. «De acuerdo. Hablaré con ella. No te preocupes, yo me encargo».
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