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Capítulo 1161:
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Cuando Lacey llegó al final de la escalera, sentía que las piernas se le iban a doblar. La confusión parpadeaba en su mente. ¿Cómo lo hacía Kallie sin esfuerzo? Lacey había visto a Kallie deslizarse por las habitaciones con aplomo en innumerables ocasiones, incluso en momentos de descanso. Sin duda, no podía ser tan difícil. Sin embargo, era mucho más difícil de lo que había previsto.
En la planta baja, el gran salón rebosaba de la élite de la ciudad. Bajo un dosel de brillantes lámparas de araña, mujeres vestidas con opulentos trajes se mezclaban con hombres trajeados, y sus risas flotaban junto a los acordes de una interpretación de piano en directo.
Las copas de cristal brillaban en sus manos, rebosantes de vino caro. Cuando Lacey apareció en lo alto de la escalera, sostenida por un par de criados, se hizo el silencio en la sala. Todos los ojos se volvieron hacia ella.
Paso a paso, Lacey descendió. Levantó la barbilla, su vestido blanco era una obra maestra de sofisticación, su sonrisa estaba calculada a la perfección. Cada detalle de su aspecto estaba diseñado para exudar la presencia de una anfitriona como Dios manda.
Las reacciones del público son diversas. Algunos miran con abierto desdén, otros con sorpresa apenas disimulada. Unos pocos mostraban curiosidad, con expresiones que rozaban la aprobación, mientras que otros no podían disimular su envidia.
Pero nada de eso le importaba a Lacey. En aquel momento, bajo las brillantes luces y la embelesada atención de la sala, ella era el centro de todo. La mujer más deslumbrante de la sala. Y ella lo disfrutaba. La oleada de poder, la embriagadora sensación de estar en la cima del mundo no se parecía a nada que hubiera sentido antes.
Desde las sombras, una mujer esbelta observaba a Lacey con ojos agudos y calculadores. La petulancia de Lacey le resultaba casi insoportable.
En apariencia, la compostura de Sarah era impecable, sus labios teñidos con el más leve rastro de una sonrisa. Sin embargo, su mano, delicada y ligeramente temblorosa, agarraba el vaso con fuerza, como si fuera a romperlo en cualquier momento.
Para Sarah, Lacey no era más que un activo crédulo pero ligeramente eficaz. La mera idea de que Lacey pudiera introducir astutamente una cuña entre Jake y Kallie, rompiendo su vínculo, le había parecido descabellada.
La idea de que Lacey estuviera prometida a Jake le parecía aún más absurda. ¿Qué cualidades podía tener alguien tan insignificante como Lacey para merecer estar al lado de Jake? Lacey carecía de belleza, su linaje era anodino y su carácter dejaba mucho que desear. No estaba ni remotamente a la altura del calibre de Sarah.
Aunque Sarah podía aceptar a regañadientes ser superada por alguien de la talla de Kallie, conceder la derrota a Lacey era totalmente inaceptable.
Detrás de los ojos tranquilos de Sarah se fraguaba una tormenta. Tramas oscuras y vengativas bullían en sus pensamientos, cada una más maliciosa que la anterior. Pero sabía demasiado bien que si se atrevía a actuar, Jake probablemente tomaría represalias e incluso podría arruinarla por completo.
A pesar de saber que tenía los días contados, Sarah se negó a morir de una forma tan vergonzosa.
Mientras Sarah pensaba en su próximo movimiento, se oyeron voces cerca de la entrada. La charla era fuerte, lo que sugería la llegada de alguien importante. Curiosa, Sarah enarcó una ceja y se dirigió hacia el alboroto.
La figura de Sarah se había vuelto tan frágil que hasta los vestidos más pequeños le colgaban como cortinas sueltas. Su salud había empeorado gravemente. Sin embargo, seguía apareciendo en diversos actos sociales.
La otrora poderosa familia Miller era ahora una sombra de lo que había sido. Durante el complicado divorcio de Sarah, la familia de su ex marido había estado desesperada por proteger su manchada reputación. En un intento de zanjar el asunto rápidamente, habían entregado a Sarah una importante suma de dinero. Esta cantidad era más que suficiente para que Sarah llevara una vida cómoda, a pesar de la amarga separación.
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