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Capítulo 1134:
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Jake se quedó perplejo, incapaz de comprender por qué Kallie estaba enfadada. Si hubiera estado sobrio, tal vez habría profundizado más, habría hecho preguntas inquisitivas. Pero en su estado actual, su mente era una maraña caótica, y su discurso se rompía como un cristal hecho añicos.
Kallie inhaló bruscamente, con la paciencia agotada. Con un empujón firme, empujó a Jake a una silla cercana, con la mirada perdida, incapaz de seguir soportando su mirada.
A medida que anochecía, una sensación de urgencia invadió a Kallie. Era ahora o nunca; si no salía pronto, temía no poder escapar nunca.
Resuelta, Kallie giró sobre sus talones y se marchó sin mirar atrás.
En silencio y sin ser vista, justo después de la marcha de Kallie, la atmósfera de la habitación cambió cuando Lacey se coló por la puerta.
La visión de Jake, visiblemente ebrio, con una lágrima en el borde del ojo, provocó un tumulto de emociones en Lacey.
Desde el principio, Lacey había estado al tanto del plan de Kallie para emborrachar a Jake.
El hotel bullía con la presencia de los hombres de Clayton, cada pasillo y cada rincón bajo estricta vigilancia.
Infiltrarse en el lugar con leales había sido una tarea formidable, pero Lacey, la confiada traidora incrustada junto a Jake, lo hizo factible.
Una vez informado de la intención de Kallie, Clayton adaptó su estrategia con rápida precisión. Envió un antídoto a Lacey, con órdenes estrictas de que volviera al lado de Jake en cuanto Kallie abandonara el local. La trama de Clayton se complicó con un giro siniestro. Ordenó a Lacey que aprovechara la oportunidad para administrar veneno a Jake.
Aunque Clayton ocultó sus instrucciones bajo el pretexto de incapacitar a Jake para evitar cualquier tipo de resistencia, la aguda perspicacia médica de Lacey desveló sus mortíferos planes. El objetivo de Clayton era claro y escalofriante: nada menos que la muerte de Jake.
Abrumada por la idea, Lacey se acercó a Jake. Se arrodilló a su lado y le acarició la mejilla con ternura.
Jake, completamente perdido en su borrachera, murmuró sin tener ni idea. Intrigada por sus palabras, Lacey se inclinó más hacia él y su rostro cambió de expresión al descifrar sus balbuceos.
Las lágrimas corrían por las mejillas de Jake mientras susurraba el nombre de Kallie una y otra vez.
En todos los años que Lacey había estado al lado de Jake, nunca le había visto mostrar una emoción tan cruda. Ni siquiera cuando estaba herido bajaba la guardia. Simplemente apretaba la mandíbula y seguía adelante con una determinación inquebrantable. Sin embargo, aquí estaba, un vestigio roto de su antiguo yo, derrumbándose por pensar en Kallie.
En un repentino arrebato de ira y desesperación, Lacey cogió una botella de la mesa y la arrojó al suelo, haciéndola añicos, como forma de liberar su rabia contenida y ridiculizar su propia ingenuidad.
Lacey se dio cuenta en ese momento de que, por mucho que lo intentara, el corazón de Jake estaba atado a Kallie. Sus intentos de conquistarlo parecían inútiles, como una broma cruel.
El fuego de la determinación de Lacey parpadeaba, amenazando con extinguirse, pero no se atrevía a retroceder. Habiéndolo invertido todo, la mera idea de rendirse era insoportable, más insoportable que soportar cualquier dolor físico. Recordó a la mujer que una vez fue: fuerte, digna, que nunca sucumbía a las debilidades sentimentales.
Cuando el eco de la botella al romperse se desvaneció, Jake permaneció imperturbable. Lacey se puso en pie, con los dedos apretados alrededor del frasco de veneno. Se le llenaron los ojos de lágrimas mientras miraba a Jake.
«Estoy dispuesto a dejarte ir. Eso es algo bueno para mí…»
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