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Capítulo 1023:
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Kallie no pudo evitar maravillarse de lo capaz que debió de ser para criar a unas hijas tan inteligentes y reflexivas. Sophie y Elma eran perspicaces, encantadoras y, sobre todo, increíblemente inteligentes. No todos los adultos podían igualar su sabiduría. Quizás se esperaba que los niños de familias adineradas fueran así. Kallie vaciló antes de preguntar: «¿Fui muy estricta contigo antes? ¿Me negué a dejarte comer si no estudiabas bien? ¿O te prohibí descansar para hacer cursos extra? ¿Te regañé?».
Sophie y Elma intercambiaron una mirada traviesa antes de asentir al unísono.
Los ojos de Kallie se abrieron de par en par, sorprendida, y su corazón se apretó con autorreproche.
«¿Yo era así antes? Eso es horrible».
Aunque Kallie podía entender los deseos comunes de los padres de que sus hijos llegaran a ser alguien, cada niño era único. Pensó que la mayoría de los padres, abrumados por la emoción de la llegada de sus hijos, deberían estar únicamente preocupados por cómo proporcionarles una vida feliz.
Kallie se disculpó inmediatamente, con voz llena de remordimiento.
«Lo siento. No volveré a hacerlo. Seré más amable contigo».
Sophie no pudo evitar reírse. Abrazó el brazo de Kallie, actuando de forma juguetona.
«Mamá, solo estábamos bromeando. Siempre fuiste muy buena con nosotras».
«Nosotras éramos las que queríamos aprender tanto. Siempre te preocupabas de que nos esforzáramos demasiado».
Elma asintió con la cabeza.
«Así es. Sophie no miente. Siempre dijisteis que nuestra felicidad era lo más importante y nunca nos presionasteis para que fuéramos perfectas. Elegimos aprender voluntariamente».
«Pero…». El rostro de Elma se ensombreció ligeramente y su tono se volvió melancólico.
«No pasasteis mucho tiempo con nosotras antes».
Kallie sonrió cálidamente, con los ojos llenos de amor.
«Bueno, ahora tengo tiempo. ¿Qué quieres hacer? Me uniré a vosotras».
Elma aplaudió inmediatamente, su emoción era palpable. Los ojos de Sophie también se iluminaron.
Elma no quería salir, así que sugirió que pasaran un rato en las aguas termales del patio trasero.
Aunque el tiempo era un poco fresco, el sol diurno mantenía el aire cálido. Era el momento perfecto para unas aguas termales.
Una vez que lo decidieron, Sophie pidió a los sirvientes que prepararan sus trajes, y los tres se dirigieron alegremente al patio trasero. Lo pasaron fantásticamente. Kallie sintió que su ánimo se elevaba. Se dio cuenta de lo tensa y agobiada que debía de estar antes de perder la memoria, probablemente agobiada por innumerables preocupaciones. Pero ahora, todo eso estaba olvidado. Su mente estaba libre y por fin podía relajarse.
Después de sumergirse en las aguas termales durante un rato, Kallie se recostó en el borde de la piscina, dejando que el agua tibia abrazara su cuerpo cansado, y sintió una profunda sensación de paz.
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