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Capítulo 87:
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Sus respiraciones se entrelazaron y, a medida que el beso se intensificaba, su exploración se hizo más intensa. Su dulce sabor lo envalentonó y la besó con mayor fervor, ansioso por fusionar sus esencias.
Sus respiraciones, pesadas y entremezcladas, llenaron el pequeño espacio.
—Ryan… —murmuró Jenessa, con voz suave y soñadora, sus respuestas hacían más intenso el momento.
Los sentimientos de Ryan por Jenessa aumentaron, impulsados por su íntimo abrazo. Su corazón latía ensordecedoramente, borrando todos los demás pensamientos. Todo lo que deseaba era estar completamente entrelazado con ella.
Jenessa se quedó sin aliento por la intensidad de sus besos, su mente se nubló, su conciencia comenzó a desdibujarse.
Al abrir los ojos, vislumbró sus figuras entrelazadas reflejadas en la ventanilla del coche. Percibió el sonido de una cremallera y sintió una repentina ligereza en su cuerpo.
Los labios de Ryan continuaron su viaje desde los suyos, marcando un rastro de tiernas mordeduras. Luchando por respirar, Jenessa inhaló profundamente, intentando tomar oxígeno del aire.
Un pensamiento repentino y urgente hizo añicos su estado de confusión.
¡Su bebé!
Instantáneamente se apartó del apasionado abrazo, empujando a Ryan con fuerza.
—¡No! —Su voz, aunque suave, tenía un encanto que solo servía para aumentar el anhelo de Ryan. Podía ver el remolino de deseo en los ojos de Ryan. Sin embargo, sabía que debían parar: estaba embarazada.
Ryan frunció el ceño aún más, su irritación era evidente.
—¿Por qué no? —Su mirada se fijó en Jenessa, cuyos labios aún brillaban con restos de su ferviente beso.
Las palabras se tambalearon en el borde de los labios de Jenessa, pero su coraje se estaba desvaneciendo. Ella vaciló, sus ojos suplicaban a Ryan, indecisa sobre si revelar su embarazo. Su inminente divorcio se cernía sobre ellos. Además, el corazón de Ryan estaba en otra parte, con Maisie, y su interés en ella parecía sobre todo físico.
La vacilación de Jenessa no hizo más que aumentar la frustración de Ryan.
«Me has estado rechazando. Hoy tienes que explicarte, o no podré parar», declaró Ryan, con una mirada penetrante y un comportamiento amenazante.
Jenessa sabía que, sin una razón clara, Ryan insistiría. Sin embargo, seguía teniendo dudas sobre si revelar la verdad.
Al ver su respuesta muda, Ryan se dispuso a besarla de nuevo.
Abrumada por el pánico, Jenessa cerró los ojos y espetó: «¡El médico me lo desaconsejó!».
¡Sobre todo en los tres primeros meses de embarazo!
El silencio envolvió el espacio y los latidos del corazón de Jenessa resonaron con fuerza en sus oídos.
Ryan frunció el ceño confundido, su voz apenas superaba el susurro.
«¿Qué tiene esto que ver con tu médico?».
Un recuerdo repentino cruzó por su mente: el informe médico que Jenessa había tratado de ocultarle, cuyas palabras ahora estaban manchadas e indescifrables por el daño causado por el agua.
Entrecerrando los ojos, Ryan la miró fijamente con seriedad.
—Jenessa, necesito que me digas la verdad. ¿Me estás ocultando algo? ¿Tiene que ver con ese informe médico? ¿Qué te dijo exactamente el médico?
Una sensación de tensión se apoderó del corazón de Jenessa. Sabía que su mente astuta uniría las pistas si seguía indagando. En ese momento, se estremeció ligeramente.
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