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Capítulo 86:
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En ese momento, el coche chocó contra un bache.
Pillada con la guardia baja, Jenessa se tambaleó hacia delante y chocó contra Ryan.
Sobresaltada, se agarró instintivamente a algo para estabilizarse.
«Uf…»
En ese momento, no estaba segura de qué había agarrado, pero el rostro de Ryan se torció de incomodidad y dejó escapar un gemido de tensión.
Al sentir el calor que emanaba del objeto que tenía en la mano, Jenessa sintió una oleada abrumadora que le hizo arder los oídos. Su corazón se aceleró y una ola de calor inundó su cuerpo. No tuvo tiempo de pensar. Sintiendo que algo andaba mal, retiró rápidamente la mano. Apretando la mano con fuerza, se dispuso a hablar, con la esperanza de disolver la tensión.
«Lo siento, fue un accidente… ¡Ah!».
Entonces, como si conspirara contra ella, el coche dio un violento bandazo. Jenessa jadeó de sorpresa y tropezó de nuevo contra el robusto pecho de Ryan. Su mejilla, al presionar contra su sólida figura, le hizo hacer una mueca de dolor. Frustrada y abrumada, no se detuvo a atender su mejilla dolorida. Se mordió el labio e intentó torpemente levantarse de él, tratando de mantener cierta distancia. En su fuero interno, se reprochó no haber mantenido el equilibrio.
Antes de que pudiera recomponerse, la cálida mano de Ryan le agarró la muñeca. Cuando Jenessa levantó la vista, desconcertada, captó su profunda y penetrante mirada.
—Jenessa, ¿qué intentas hacer aquí?
Su mirada se posó en su rostro. Su expresión era de confusión, con las cejas fruncidas y los ojos inquietos. Bajo la tenue luz, sus rasgos parecían aún más delicadamente deslumbrantes. La nuez de Adán de Ryan se movió notablemente y su mirada se oscureció, como si estuviera lista para devorarla.
—¿Qué? —tartamudeó Jenessa, con la respiración entrecortada.
A medida que el espacio entre ellos se reducía con su acercamiento, su aroma fresco se hacía más potente.
—Jenessa, has caído en mis brazos dos veces deliberadamente. ¿Estás intentando seducirme? —Su voz era aterciopelada, con un toque ronco.
Un escalofrío recorrió a Jenessa, inesperado y sorprendente. Sus ojos, brillantes y llenos de incredulidad, se abrieron. Su rostro se sonrojó de un rojo intenso, su cuerpo de repente se envolvió en una ola de calor.
«¡Tonterías! ¡No es verdad! ¡Fue puramente accidental!», protestó Jenessa, con un tono de frustración. Tal acusación parecía ridícula.
La suave risa de Ryan fue lenta, llena de diversión.
«Mientes».
La desesperación teñía las apresuradas palabras de Jenessa.
—¡No estoy mintiendo! ¡Por favor, deja de hacer suposiciones injustificadas! ¡Suéltame!
Su presencia distraía a Ryan, su mirada tranquila contrastaba con su comportamiento sonrojado. Su muñeca, delicada en su agarre, hizo que su respiración se hiciera más profunda. Su deseo era palpable.
—Para el coche, levanta la mampara y sal —ordenó Ryan, con tono sereno.
La vergüenza de Jenessa se hizo más profunda. ¿En qué estaba pensando?
A su orden, el conductor actuó rápidamente y se levantó la mampara. Ahora aislados, el aire entre ellos crepitaba con una tensión palpable.
Cuando Ryan dejó claras sus intenciones, Jenessa entró en pánico y abrió los ojos como platos. Se apresuró a aclarar: «Ryan, de verdad, fue un accidente. Yo…».
Sus intentos de explicación fueron abruptamente silenciados por el beso decisivo de Ryan. Sus labios se encontraron con los de ella, y su creciente conexión pareció disolver todo lo demás a su alrededor. Su mano rodeó su cintura, acercándola mientras la besaba profundamente, con pasión.
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