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Capítulo 733:
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Tras un examen exhaustivo, la expresión del médico se volvió severa.
«Está embarazada. Su elevado nivel de estrés y fatiga son peligrosos tanto para ella como para los bebés. Debe evitar cualquier tensión emocional adicional y descansar mucho».
El corazón de Richard se detuvo y un miedo frío se apoderó de él. Asintió con la cabeza, con voz tensa.
«Gracias, doctor».
Poco después, los ojos de Jenessa se abrieron.
Verla despertar provocó una oleada de alivio en Richard, que estaba sentado junto a su cama. Le tomó la mano con suavidad y le habló en voz baja, preocupado.
«Jennie, ¿cómo te encuentras?».
Todavía aturdida, Jenessa parpadeó mientras trataba de recordar lo que había sucedido.
Entonces, abrió los ojos con pánico y salió corriendo: «Rick, mi madre… Y la competición, yo…».
Richard le apretó suavemente la mano, con voz suave pero tranquilizadora.
«No te preocupes por nada. Déjalo todo en mis manos. Durante los próximos días, solo quiero que descanses. No te conectes a Internet y trata de no pensar en lo que está pasando fuera».
A pesar de su tono reconfortante, Jenessa no podía deshacerse de la ansiedad que la carcomía. Se sentó, con el ceño fruncido por la preocupación.
«El escándalo estalló durante la competición en directo, Rick. Probablemente ya se haya hecho viral. Y me asusta que te afecte a ti también».
Richard se encontró con su mirada con una expresión tranquila e inquebrantable.
—Deja de preocuparte. Eres mi prometida. No hay nadie en este mundo más cercano a mí que tú. ¿Cómo podría tener miedo de algo así?
Su voz se suavizó aún más, con sinceridad en cada palabra.
—No tienes ni idea de lo aterrorizado que estaba cuando te desmayaste. Lo único que quiero es que estés bien.
Mientras sus palabras flotaban en el aire, los ojos de Richard se posaron en su vientre sutilmente redondeado.
—El médico también ha mencionado que has estado bajo demasiado estrés últimamente. No es bueno para los bebés.
Jenessa se quedó paralizada, con la respiración contenida.
—Los bebés… —murmuró aturdida y presa del pánico.
—¿Cómo están mis bebés?
Richard frunció los labios antes de responder.
—El médico ha dicho que no es nada grave por ahora, pero tienes que descansar como es debido. Por favor, por el bien de los bebés, no te estreses más.
Al mencionar a los niños por nacer, la preocupación de Jenessa por todo lo demás se desvaneció. Asintió con la cabeza, con el rostro tenso por la determinación.
En ese momento, nada era más importante que el bienestar de sus bebés.
La tensión en sus hombros se alivió ligeramente, pero entonces su estómago gruñó, rompiendo el momento. Un suave rubor subió a sus mejillas.
«Rick, creo que tengo hambre».
Riendo, el rostro de Richard se iluminó con calidez.
«Por supuesto. Haré que traigan algo enseguida».
Fiel a su palabra, unos minutos más tarde, uno de sus empleados llegó con una variedad de platos, muchos de ellos sus favoritos.
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