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Capítulo 678:
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Los jueces, ahora sentados en una sala de grabación, observaban el desarrollo del proceso en una gran pantalla. A través de esta transmisión en directo, pudieron ver a los concursantes, que estaban situados en otro estudio.
Este año, la competencia fue feroz: tanto los recién llegados como los diseñadores experimentados competían por un lugar en el centro de atención. Cuando comenzó el proceso de selección inicial, Jenessa reconoció inmediatamente a una de las concursantes entre el público: Hilda.
Así que, al fin y al cabo, los organizadores no habían eliminado a Hilda. Jenessa no pudo evitar preguntarse si Jonathan sabía que Hilda seguía en la competición.
Frunció ligeramente el ceño, pero no dijo nada. En la bulliciosa zona de la competición, los concursantes se reunieron mientras los jueces se preparaban para sortear el tema del diseño. Cada diseñador tendría solo treinta minutos para completar su pieza; de lo contrario, sería descalificado inmediatamente.
Sin embargo, si los jueces quedaban especialmente impresionados, tenían el privilegio de invitar a un concursante a unirse directamente a su equipo. La tensión en el ambiente era palpable cuando la competición estaba a punto de comenzar.
El presentador, lleno de entusiasmo, expuso las reglas antes de dirigirse a Sloane, invitándola a elegir el tema bajo las instrucciones del director.
Las expresiones de Héctor y Martin se ensombrecieron cuando llamaron primero a Sloane, sintiendo que la decisión de los organizadores era una bofetada en sus caras.
Ignorando la tensión subyacente, Jenessa dio un paso adelante y seleccionó un tema de la caja. El papel decía: «Un sentido del futuro».
El tema del diseño era nada menos que ingenioso, ofreciendo un lienzo perfecto para mostrar el estilo único y el nivel de habilidad de cada diseñador.
Cuando el presentador anunció el inicio del concurso, un silencio concentrado se apoderó de la sala, y cada diseñador se sumergió en su proceso creativo.
En el estudio, los tres jueces se sentaron con los ojos pegados a las pantallas, con expresiones que iban de la intriga al escepticismo mientras observaban el desarrollo de las creaciones. Héctor y Martín, expertos curtidos con años de experiencia, intercambiaron comentarios analíticos, diseccionando cada diseño con una mirada aguda y profesional. Jenessa, sin embargo, permaneció en silencio, con la mirada fija en la pantalla, absorbiendo cada detalle con gran concentración.
Héctor y Martín no pudieron evitar sonreír, interpretando su silencio como una falta de cualificación para ser juez aquí. Con una mirada compartida, se acomodaron en silencio, anticipando con impaciencia su eventual paso en falso.
Mientras tanto, el concurso bullía de energía. El equipo de cámara capturó cada momento con una claridad asombrosa, acercándose a los rostros tensos y decididos de los concursantes. Las manos de algunos temblaban de ansiedad, delatando sus nervios, mientras que otros permanecían tranquilos, ejecutando sus diseños con una facilidad experimentada. Algunos ya se habían resignado a la derrota, desplomados sobre sus escritorios, esperando a que terminara esta ronda de la competición. La escena era electrizante, llena de giros y vueltas inesperados, lo que la convertía en un espectáculo digno de contemplar.
De repente, la cámara enfocó a una diseñadora solitaria sentada en un rincón. Como estaba sola, lejos de todo el bullicio, destacaba entre la multitud. Su concentración era intensa, su expresión de profunda inmersión mientras dibujaba en el papel que tenía delante, completamente absorta en su trabajo.
Los ojos de Héctor y Martin se entrecerraron al ver su diseño, el desdén brillando en sus rostros.
«Esta concursante carece claramente de los fundamentos», se burló Héctor, apenas disimulando su desprecio.
«Ni siquiera puedo decir qué se supone que representan esas líneas».
«Cierto», asintió Martín, con un tono igualmente despectivo.
«Probablemente esté aquí solo por la experiencia».
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