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Capítulo 227:
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Sin embargo, el recuerdo de la extraña voz de Jenessa en el teléfono persistía, lo que indicaba que algo no iba bien.
Después de pensarlo un momento, Ryan decidió actuar.
«Ve y comprueba dónde está Jenessa ahora mismo», ordenó con firmeza por teléfono.
Mientras tanto, en el hospital, Jenessa hacía cola para registrarse.
Una enfermera, al notar su palidez, se acercó preocupada.
—Señora, ¿se encuentra bien? Está muy pálida. ¿Hay alguien con usted?
Jenessa hizo una breve pausa antes de responder: —No, estoy aquí sola. Pero gracias, estoy bien.
A pesar de la tranquilidad de Jenessa, la enfermera seguía preocupada.
—Sería mejor que un familiar la ayudara. ¿Por qué no se sienta y descansa un rato?
Jenessa había pensado inicialmente en ponerse en contacto con Brinley,
pero desechó la idea, suponiendo que se estaría recuperando de una resaca.
En su lugar, optó por llamar a Richard, sintiendo una necesidad apremiante de la presencia de alguien de confianza.
Se encontraba muy incómoda y tener a Richard a su lado le parecía cada vez más necesario.
Poco después de su llamada, Richard llegó.
En cuanto vio el rostro pálido de Jenessa, frunció el ceño con preocupación.
«¿Qué ha pasado?». La voz de Richard transmitía una mezcla de confusión y preocupación.
«Pensaba que habías completado los trámites del divorcio. ¿Qué ha salido mal?».
Al ver lo angustiada que parecía Jenessa, la preocupación de Richard aumentó.
«¿Ryan y Maisie te han causado más problemas?».
Tras dudar, Jenessa respondió con un toque de impotencia: «No es por el divorcio. Ha pasado algo con mis padres».
La expresión de Richard se volvió aún más seria.
«¿Qué les ha pasado?». El tono de Richard era agudo, lo que reflejaba su disgusto por la situación.
«Cuando estaban al borde de la bancarrota, casi te traicionan. ¿Por qué acuden a ti ahora?».
Richard conocía bien la dinámica de su familia. Por lo tanto, ella no sintió la necesidad de ocultarle nada.
—Mi padre malversó fondos de un proyecto y ahora se ha producido un accidente debido a un trabajo de mala calidad. Tiene miedo de las consecuencias y quiere que le pida ayuda a Ryan —explicó Jenessa, perdiendo el brillo habitual en sus ojos.
Richard apretó los puños, visiblemente agitado, y presionó aún más: —¿Has hablado con Ryan sobre esto?
—Por supuesto que no —respondió Jenessa con firmeza.
La determinación brilló en sus ojos mientras continuaba: «Me divorciaré de él pronto. ¿Cómo podría pedirle ayuda ahora?».
Su voz tembló ligeramente.
«Por eso mi padre se puso furioso y me golpeó».
La preocupación de Richard se intensificó, sus ojos se abrieron como platos.
«¿Te ha pegado? ¿Estás bien?».
Rápidamente escudriñó su rostro en busca de cualquier signo de lesión.
Intentando mantener una fachada serena, Jenessa forzó un tono casual.
—Estoy bien, de verdad. No te preocupes por mí.
Pero la ira de Richard era palpable.
—Jenessa, no deberías tener que lidiar con los problemas de tu padre. No se merece tu ayuda. Si ha cometido un delito, debe afrontar las consecuencias.
Jenessa había considerado esta perspectiva antes, pero tomar una decisión así le parecía desalentador.
Al ver su vacilación, la voz de Richard se suavizó.
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