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Capítulo 1227:
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“Está bien, te creo”, respondió Jenessa, una pequeña sonrisa jugando en sus labios. “Brin y yo solo estábamos especulando.” Todo el tiempo, sus ojos permanecían fijos en la entrada del restaurante, el nudo en su estómago apretándose con cada segundo que pasaba.
Después de una pausa que pareció eternizarse, la voz de Ryan bajó a casi un susurro. “Pero Allen ya lo sabe. Vio el mensaje que te mandé hace unos momentos.”
Un escalofrío le recorrió la espalda a Jenessa. “¿Me estás diciendo que Allen está contigo ahora mismo?”
“Dame el teléfono.” La voz de Allen cortó la línea, cortante y directa. “Jenessa, ¿dónde está Brinley? Necesito hablar con ella.”
Jenessa se levantó de un salto, el corazón palpitando con fuerza. “¿No fuiste tú quien le mandó un mensaje a Brinley y le pediste que se encontraran en un restaurante?”
El silencio que siguió lo decía todo. Finalmente, la voz de Allen regresó, pesada de preocupación. “Yo no me puse en contacto con ella.”
“¡No puede ser!” maldijo Jenessa en voz baja mientras salía disparada hacia la salida. “Alguien usó tu nombre para escribirle: le pidió que viniera aquí a hablar. Hemos estado esperando siglos. Brinley dijo que iba al baño y nunca volvió.”
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La gravedad de la situación golpeó a Allen y Ryan como un rayo. Las piezas encajaron al instante: alguien había orquestado todo esto, usando el nombre de Allen para atraer a Brinley y mantener a Jenessa entretenida en la mesa.
“¡Ya voy para allá!” La voz de Allen crujió de urgencia. Se dio la vuelta y le lanzó el teléfono a Ryan sin romper el paso. “Ryan, ¡sabías del embarazo de Brinley todo este tiempo!” Sin esperar respuesta, salió disparado por la puerta.
Ryan agarró su abrigo y le gritó: “¡Allen, Brinley y Jenessa me hicieron prometer que no te dijera!”
Mientras tanto, Brinley se obligó a mantener la compostura mientras enfrentaba a Leonie, su oleada inicial de pánico cediendo ante una máscara de calma.
“No sé de qué estás hablando”, dijo, esforzándose por mantener la voz firme.
Los dedos de Leonie se hundieron en los hombros de Brinley mientras se inclinaba hacia ella con una sonrisa cruel. “Brinley, deja la actuación. Sé que eres una hacker que puede manipular registros médicos. Pero te vi en tu chequeo prenatal con mis propios ojos.”
Sin previo aviso, la mano de Leonie se disparó hacia el vientre de Brinley.
El color se le fue del rostro a Brinley. El instinto maternal se apoderó de ella al instante: empujó a Leonie, una mano moviéndose protectoramente para cubrirse el vientre.
Las fosas nasales de Leonie se dilataron, la rabia consumiendo sus rasgos. “¡Brinley, deja de jugar!” escupió, su voz temblando de furia. “¡Dices que terminaste con Corbin, pero aquí estás esperando su hijo! ¿Qué pretendes?”
Brinley observó el estado cada vez más descontrolado de Leonie con un creciente pavor. Esto era serio. Había un brillo salvaje y peligroso en los ojos de Leonie que le heló la sangre a Brinley, y cada segundo que permanecía allí aumentaba el riesgo de que algo catastrófico ocurriera.
La revelación de que Leonie sabía del embarazo la había tomado completamente por sorpresa. De haberlo sabido, nunca habría caído sola en esta trampa. Pero el secreto de Allen la había estado pesando enormemente en la mente, y sin oportunidad de confiar en Jenessa, había tomado la estúpida decisión de enfrentar esta confrontación sola.
“No tengo nada que decirte”, dijo Brinley con firmeza, dándose vuelta para irse.
“¡Para!” El mandato tronó como un latigazo. Los dedos de Leonie se cerraron alrededor de la muñeca de Brinley y la jalaron hacia atrás con fuerza salvaje. El dolor le atravesó el brazo mientras tropezaba, sus pies buscando apoyo en el suelo liso.
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