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Capítulo 845:
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Para el gran plan de Hale, valió la pena.
Detrás de Harlee, Oaklee había acortado silenciosamente la distancia entre ella y Tonya en el largo sofá.
Oaklee observó el tenso intercambio y las miradas intermitentes de terror de Etta, y finalmente le preguntó a Tonya: «¿Qué estrategia está empleando Harlee? ¿Por qué parece tan potente contra Etta?».
Tonya, sin molestarse en levantar la cabeza, respondió con un tono gélido: «La mera presencia de Harlee es la peor pesadilla de Etta».
Dado que era su primer encuentro con Oaklee, la voz de Tonya tenía un tono frío y poco acogedor.
Oaklee, algo desconcertada, asintió, con su respeto por Harlee aún intacto. De pie, con una mirada severa fija en Etta, la voz de Tonya estaba llena de veneno mientras se burlaba: «¿Mataros?». Sus labios se torcieron en una sonrisa escalofriante.
—Etta, ¿acaso mereces tal consideración? Ni siquiera mereces el esfuerzo que cuesta matarte.
Los ojos de Tonya se endurecieron mientras hacía una pausa, con un tono frío.
—Tu única oportunidad de abrazar la muerte depende de tu disposición a divulgar todo sobre tus encuentros con Hale.
Tonya pasó su teléfono varias veces, sacó una imagen horrible de Hale, maltrecho e irreconocible, y se lo puso delante de los ojos a Etta.
Después de asegurarse de que Etta viera la espantosa foto, Tonya volvió a sentarse, con su silencio pesando en el aire.
La colaboración de Tonya con Harlee había mantenido a sus adversarios en la oscuridad, obligándolos a descifrar sus intenciones. El creciente temor entre sus adversarios era exactamente el resultado que disfrutaban.
Los ojos de Etta se entrecerraron en estado de shock.
«¡Imposible! Hale es inigualable.
No es posible que alguien como tú lo pueda dominar…»
Harlee alzó la mirada para encontrarse con la de Etta, cuyo comportamiento rayaba en la locura, pero su expresión permaneció serena, como si el desprecio no hubiera sido dirigido a ella. Le dirigió una breve mirada a Etta, notando su negativa a aceptar la realidad.
Para Harlee, esto era ideal. Estaba buscando una salida para su frustración reprimida. En lugar de responder con ira, Harlee dejó que una sonrisa se deslizara por su rostro.
Esa sonrisa hizo que Etta cerrara instintivamente la boca, petrificada por las posibles intenciones de Harlee. ¿Qué podría haber detrás de la inquietante sonrisa tranquila de Harlee?
Poniéndose de pie, Harlee acortó la distancia entre ella y Etta, pronunciando cada palabra con una precisión escalofriante.
«¿Imposible? ¿Inigualable?».
Cada palabra que pronunciaba Harlee iba acompañada de un movimiento rápido y decidido. Con una precisión desconcertante, le rompió uno de los dedos a Etta, y el sonido de la fractura resonó en la habitación.
«¡Ah!». El grito de Etta desgarró el aire, agudo y desesperado, como si la estuvieran estrangulando.
Su tez cambió rápidamente de pálida a sonrojada, y se le formaron gotas de sudor en la frente.
Sus ojos se movían frenéticamente, llenos de un miedo inconfundible.
Su respiración se hizo dificultosa, y Etta era dolorosamente consciente de que sus posibilidades de sobrevivir eran escasas.
Al principio, cuando fue capturada, se aferró a la frágil esperanza de que Harlee pudiera mostrar misericordia, tal vez por el bien de su madre.
Pero esa esperanza se hizo añicos en el momento en que Harlee le rompió sin esfuerzo cuatro dedos, sumiéndola aún más en el terror.
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