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Capítulo 844:
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Una sonrisa se dibujó brevemente en el rostro de Harlee. Los métodos de Oaklee siempre eran directos, diseñados para evitar complicaciones innecesarias.
«Está bien», dijo Harlee, abriendo la puerta y encontrando a Etta atada y tendida en la cama como una cautiva.
Los ojos de Etta se abrieron de par en par al ver a Harlee.
«¿Cómo… cómo es que sigues ilesa?», tartamudeó Etta, con la boca abierta. La incredulidad en su voz era inconfundible mientras luchaba por comprender cómo Harlee había regresado sin un rasguño.
Harlee permaneció en silencio, limitándose a echar una mirada indiferente a Etta antes de acomodarse en un sofá cercano.
Desde el principio, Etta había estado perpleja por el comportamiento de Harlee.
Harlee se comportaba con un aire despreocupado, casi indiferente, un marcado contraste con la tensión que consumía a Etta durante sus encuentros. Este patrón nunca había vacilado.
Vacilante por provocar a Harlee, Etta comenzó a recitar a regañadientes las excusas que había preparado.
«Lindsay me acorraló. Me amenazó con hacernos daño a mi familia y a mí si me negaba a cooperar. Me sentí atrapada…».
Durante casi diez minutos, Etta explicó su situación con tono reticente, terminando con una débil disculpa que la retrataba más como una víctima que como alguien que asumía la responsabilidad de sus actos.
Harlee, con la barbilla apoyada en la mano, escuchaba en silencio.
Su expresión seguía siendo indescifrable, como si estuviera soportando una historia excepcionalmente aburrida.
Incluso después de la larga explicación de Etta, el interés de Harlee seguía lejos de despertarse.
El silencio y la falta de reacción de Harlee dejaron a Etta confundida.
La mente de Etta corría. ¿Qué faltaba en su súplica? ¿Le faltaba el tono de verdadero remordimiento? ¿O simplemente habían visto a través de su fachada? A pesar de su largo intento de explicación y disculpa, Harlee permaneció indiferente.
De Harlee no salieron palabras de reprimenda, como si no hubiera venido a enfrentarse a ella por su relación con Hale y Lindsay.
Etta sintió crecer su ansiedad, sus pensamientos se entremezclaron. Sintió una ola de calor que la invadió, dejándola mareada.
Harlee debería haberse enfurecido, tal vez incluso haberla desterrado a la merced de las pitones. Sin embargo, Harlee permaneció inquietantemente callada.
¿Fue la influencia de Skyla la que templó la ira de Harlee? Tal vez Harlee estaba considerando la clemencia. Este pensamiento pasó fugazmente por la mente de Etta, pero la expresión indescifrable del rostro de Harlee apagó cualquier esperanza.
El mareo nubló los pensamientos de Etta. Quería secarse el sudor nervioso de la frente, pero las cuerdas que le ataban las manos se burlaban de su impotencia. Miró a Harlee con los ojos llenos de súplicas silenciosas, esperando alguna respuesta, pero cada mirada solo se topaba con el silencio asfixiante.
El tiempo se prolongaba, diez minutos agonizantes que se alargaban.
El espíritu de Etta se marchitaba bajo el peso del silencio. El silencio era más aterrador que cualquier reprimenda: un vasto vacío donde sus súplicas parecían desaparecer en la nada.
«Harlee, ¿qué quieres de mí?». La voz de Etta se quebró ligeramente mientras miraba a Harlee.
«¿Quieres quitarme la vida? ¿Es eso? ¡Adelante, mátame!».
La aceptación se instaló en el corazón de Etta. Estaba dispuesta a afrontar lo que Harlee decidiera: castigo o muerte.
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