✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 1592:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Las cejas de Harlee se arquearon ligeramente. Su expresión permaneció distante, su mirada insondable, pero las comisuras de sus labios se curvaron en una sonrisa lenta y traviesa, mitad diversión, mitad provocación.
«Una pena. Te mereces un jefe mejor».
Con esa frase de despedida, Harlee dio media vuelta y salió por la puerta, dejando a Barry furioso y a su secretaria deseando poder desvanecerse en el suelo y fingir que nunca había estado allí.
Los ojos de Barry siguieron la figura de Harlee que se alejaba con un pensamiento singular dando vueltas en su mente: nunca más quería cruzarse con esta mujer.
Sin embargo, su secretaria aún disfrutaba de la sensación de ser apreciada por una mujer de una belleza deslumbrante. La ira de Barry simplemente la había obligado a reprimir su vertiginoso deleite.
De vuelta en su suite de hotel, Harlee se quitó el abrigo y se dejó caer en el mullido abrazo del sofá, estirándose con la facilidad de una pantera en reposo, con sus largas piernas colgando sobre el borde. Cada músculo de su cuerpo suspiró de alivio.
Justo en ese momento, su teléfono vibró. No necesitaba mirar la pantalla. Ya sabía quién era.
Recostándose perezosamente lo suficiente para recuperar el dispositivo, lo colocó en el reposabrazos del sofá sin molestarse en sentarse.
Como esperaba, en el momento en que se conectó la llamada, la voz profunda y aterciopelada de Rhys se filtró por el altavoz.
—Entonces, ¿de verdad no piensas volver esta noche? Lee, llevas dos noches descuidándome.
Había un toque de queja en su tono, sutil pero inconfundible.
—Tengo asuntos que atender —respondió Harlee, con un rastro de risa entre sus palabras. Su voz, aunque todavía fría, había perdido su agudeza anterior.
Al otro lado, la voz de Rhys bajó aún más.
—Lee, ya debes estar echándome de menos. ¿Qué tal si…?
Era casi risible. El infame Rhys, el gobernante de puño de hierro del Grupo Verde, un hombre que infundía miedo en el inframundo con una simple mirada, reducido a un marido embobado, inquieto después de solo dos noches separados.
Los labios de Harlee se crisparon, su sonrisa lánguida y sabia. Ni siquiera le dejó terminar.
—No.
En la mansión Remson, Rhys estaba sentado en su escritorio, con la mirada fija en los mensajes encriptados que aparecían en la pantalla de su ordenador. Acababan de llegar los últimos datos: detalles sobre el número de asesinos de la Isla Norte que se habían infiltrado en el país.
Al oír las palabras de Harlee, una lenta sonrisa se dibujó en los labios de Rhys, con un rastro de indulgencia en su expresión. Con unos rápidos toques en el teclado, envió un nuevo conjunto de instrucciones a través de la línea.
Recostándose en el sofá, se estiró perezosamente, con una postura que reflejaba la de Harlee al otro lado de la llamada. Ambos estaban a gusto, como si el tiempo se hubiera detenido momentáneamente para ellos.
El rítmico traqueteo de las teclas llegó a los oídos de Harlee y, aunque Rhys no podía verlo, un destello de preocupación cruzó por sus ojos. Su voz, ligera pero con un sutil toque de preocupación, rompió el silencio.
—¿Sigues sumido en asuntos de la empresa?
—Nada grave.
Entonces, como si accionara un interruptor, Rhys dejó que su voz adoptara un tono lastimero.
«Lee, no puedo dormir sin ti a mi lado».
Otro intento. Otra jugada. Los asesinos que habían llegado de North Island eran demasiados. Rhys sabía que su guardia en la planta baja del hotel no sería suficiente: la seguridad de Harlee era un hilo frágil, y no estaba dispuesto a jugársela.
.
.
.