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Capítulo 343:
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Alexander entró en su despacho de la Torre Vance. Se sentía diferente. El peso del secreto, la culpa de los últimos tres años… todo había desaparecido.
—Señor Davies —saludó Alexander a su jefe del departamento jurídico.
—Señor —Davies se puso de pie—. Los documentos están listos. Una vez que los firme, la familia Sharp dejará de tener participación mayoritaria en nada. Los activos se liquidarán para devolver los fondos malversados.
Alexander cogió el bolígrafo y miró el documento. Sharp Industries. Un nombre que había sido una mancha en su vida.
Firmó con un trazo elegante.
«Hecho», dijo Alexander. «Quema el membrete. Cambia el nombre de las filiales. No quiero volver a ver el nombre Sharp en nada jamás».
«Entendido, señor».
«¿Y Scarlett?», preguntó Alexander.
«Le han denegado la libertad bajo fianza», dijo Davies. « Riesgo de fuga. Ahora mismo se encuentra en el Centro de Detención Metropolitano».
Alexander asintió. No sentía piedad alguna, solo un frío sentido de la justicia.
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«Señor, hay algo más». Davies vaciló. «Una visitante. Ha insistido».
«Dije que no se admitieran visitas».
«Es la señora Thorne. La madre de Julian».
Alexander se quedó en silencio. La madre de Julian. La mujer cuyo marido había sido arruinado por su propio hermano, Marcus.
«Que pase».
Entró una mujer mayor. Parecía frágil, pero digna.
«Señor Vance», dijo. «He venido a devolverle algo». Dejó una pequeña caja sobre el escritorio.
«Mi cuñado… Marcus… coleccionaba trofeos», dijo, con la voz temblorosa por la ira reprimida. «Encontré esto en su caja fuerte privada. Se lo robó al padre de su esposa hace años, para tenerla bajo su control».
Alexander abrió la caja. Dentro había un sencillo medallón de plata.
Lo reconoció al instante. Era el medallón que Evelyn llevaba en la única foto que había visto de ella de niña: el que le había regalado su padre.
—Gracias —dijo Alexander con voz entrecortada.
—Le quitó todo —susurró la señora Thorne—. Destruyó a mi marido e intentó destruirla a ella. Espero que esto ayude a devolverle al menos una pequeña parte.
Se marchó.
Alexander cogió el medallón y lo abrió. Dentro había una pequeña foto de Richard Sharp, sonriendo.
Lo apretó contra su pecho. Ese sería su regalo para Evelyn: un pedazo de su pasado, devuelto.
Miró por la ventana. El sol se estaba poniendo, tiñendo el cielo de tonos púrpura y dorado.
Cogió el teléfono y llamó a Julian.
—Julian —dijo—. Quedas fuera de servicio. De forma permanente.
—¿Señor? —Julian parecía preocupado—. ¿He metido la pata?
—No —Alexander sonrió—. Te asciendo. Jefe de Seguridad de Vance Global. Se acabó el trabajo de guardaespaldas, se acabó conducir coches. Diriges el departamento. Ahora eres de la familia. Vete a casa con tu madre.
—Gracias, Alex —dijo Julian con voz agradecida—. Yo… te lo agradezco.
Alexander colgó. Se guardó el medallón en el bolsillo.
Se iba a casa.
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