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Capítulo 33:
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La música cambió a un ritmo más lento y sombrío.
Evelyn dejó el vaso sobre la mesa. Se levantó con cuidado, apoyando el peso en la pierna derecha y utilizando la mesa como discreto punto de apoyo.
Julian apareció al instante. «¿Me concedes este baile?»
Evelyn negó con la cabeza. «Esta noche no voy a bailar, Julian. Mi tobillo…»
«Claro», dijo Julian, asintiendo. «Entonces déjame invitarte a otra copa».
«Nos vamos», retumbó una voz.
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Alexander se dirigió con paso firme hacia la mesa. Arrancó la carta de bebidas de la mesa y la dejó caer con fuerza.
Evelyn cruzó los brazos. «No lo creo».
Julian se interpuso entre ellos. «Oye, Xander. Retrocede. La señora ha dicho que no».
Alexander miró con ira a su amigo. «Es mi mujer, Julian».
Evelyn rodeó a Julian, cojeando ligeramente, pero con la cabeza bien alta.
«Exmujer», corrigió. «O lo seré pronto».
Miró a Alexander. Bajó la mirada hacia la mano ensangrentada de él.
«Estás sangrando», señaló sin compasión. «Deberías ir a que te lo miren. Quizá Scarlett pueda curártelo con un beso».
Scarlett se enfureció desde detrás de Alexander. «Eres repugnante, Evelyn. ¿Coqueteando con su mejor amigo?».
Evelyn se rió. «Estoy soltera, Scarlett. Puedo coquetear con quien quiera».
Se volvió hacia Julian.
«Estoy harta de esta conversación. ¿Quieres hacer una carrera?».
A Julian se le iluminaron los ojos. «Claro que sí».
Evelyn se dirigió hacia la salida, apretando los dientes para soportar el dolor a cada paso.
Alexander la agarró del brazo. Su mano ensangrentada le manchó la piel.
«No te vas con él».
Evelyn miró la sangre en su brazo. Luego lo miró a él.
«Ya lo verás».
Se soltó de un tirón.
Salió. Julian la siguió, lanzando una mirada de disculpa a Alexander.
Alexander se quedó allí, temblando de rabia.
Scarlett le tocó el brazo. «Déjala ir, Alex. No vale nada».
Alexander se sacudió su mano.
Echó a correr.
Salió disparado del club justo cuando el Bugatti y el Ferrari rugían al arrancar.
Evelyn aceleró el motor. Miró a Alexander a través de la ventanilla.
Le lanzó un beso.
El Bugatti se alejó chirriando.
Alexander no lo dudó. Se subió a su Maybach.
Pisó a fondo el acelerador.
No iba a dejar que se fuera. Ni esta noche. Ni nunca.
La persecución había comenzado.
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