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Capítulo 133:
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Levantó la vista.
Vio a Scarlett en la cubierta superior, sonriendo con sorna tras su copa de champán.
Era una trampa. Una broma burda y humillante diseñada para presentarla como una ama de casa infiel y desesperada.
Evelyn sintió cómo le subía el calor a las mejillas. No era vergüenza, sino rabia.
Miró a Alexander. Él la estaba observando fijamente. Su expresión era indescifrable, pero tenía los nudillos blancos al apretar la copa. Sabía que era falso. Tenía que saberlo. La Evelyn que él conocía era perspicaz, no sentimental.
Pero no se movió. No bajó a defenderla.
Estaba esperando.
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Julian le arrebató la carta a la chica. La arrugó en el puño.
Miró el rostro de Evelyn. Vio el fuego en sus ojos, la forma en que mantenía la barbilla alta a pesar de las risas.
Tomó una decisión.
—Devuélvela —dijo Julian en voz alta, acallando a la multitud.
Alisó el papel y lo miró con expresión tierna.
«Es… un mensaje en clave», mintió Julian con naturalidad. «Una broma privada. Sobre un libro que a los dos nos encanta. ¿Y sinceramente? Es el regalo más detallista que he recibido en toda la noche».
Las risas se apagaron, sustituidas por la confusión.
Julian dio un paso adelante. Acortó la distancia entre ellos. Tomó la mano de Evelyn.
«Sigue el juego», le susurró, sin apenas mover los labios. «A menos que quieras que ganen».
»
Evelyn lo miró.
Luego alzó la vista hacia el balcón, hacia Alexander y Scarlett.
Tomó una decisión.
Sonrió: una sonrisa deslumbrante y falsa.
«Me alegro de que te haya gustado, Julian», ronroneó. Se acercó más y le puso la mano en el pecho. «No estaba segura de si entenderías la referencia».
« «Me encanta», dijo Julian.
Entonces se inclinó y la besó en la mejilla. El beso se prolongó un segundo de más.
«¡Ay!», suspiró alguien. «Qué monos».
«Espera, ¿están saliendo juntos?»
«He oído que ella dejó a Vance por él».
Arriba, en el balcón, un chasquido agudo rasgó el aire.
Alexander Vance había apretado su vaso de whisky hasta que el cristal se fracturó. Un fragmento le cortó la palma de la mano. El líquido ámbar se mezcló con una gota de sangre, goteando sobre la cubierta.
No sintió el dolor. Solo sintió la imagen de la mano de Julian en la cintura de Evelyn.
«¡Alex!», exclamó Scarlett, jadeando, mientras intentaba agarrarle la mano. «¡Estás sangrando!»
Alexander retiró la mano. Se quedó mirando a la pareja que tenía debajo.
—Estoy bien —dijo, con una voz grave como el retumbar de un trueno.
Se dio la vuelta y se dirigió hacia las escaleras.
La multitud se abrió ante él como el Mar Rojo.
Bajaba.
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